Los universos de Epicuro

La obra de Epicuro: c. 300 obras perdidas

Cuenta Diógenes Laercio en Vidas de los filósofos ilustres (donde dedica a Epicuro la totalidad del Libro X) que Epicuro (341 aC–270 aC) se crió en Samos y a los 18 años se mudó a Atenas. Vivió durante 10 años en Colofón, donde devino alumno de Nausífanes, quien le introdujo en el atomismo de Demócrito. A los 30 años fundó una escuela en Mitilene, y a los 35 años se mudó a Atenas, donde “fundó de un modo un tanto particular la escuela que lleva su nombre”[1] con numerosos discípulos que se reunían y charlaban en el jardín de su casa. La escuela de Epicuro nació como una respuesta a la Academia platónica, el Liceo aristotélico y la Stoá de los estoicos. Epicuro fue el primero en admitir mujeres y esclavos en su Jardín. Entre las mujeres se encontraba Temista, a la que le escribió varias cartas (hoy perdidas) y entre los esclavos, Mys, al que dejó en libertad en su testamento. Según Apolodoro, los amigos de Epicuro “acudían de todas partes … y convivían con él en el Jardín”[2].

Epicuro escribió unas 300 obras (rollos de papiro), pero desgraciadamente sólo se ha conservado una parte minúscula de su obra: tres cartas (las cuales Diógenes Laercio cita íntegramente en el Libro X): la Carta a Heródoto, la Carta a Pítocles (que tal vez no fue escrita por Epicuro, sino por uno o varios discípulos suyos)[3] y la Carta a Meneceo. Dice Diógenes Laercio que en estas tres cartas “se ha abreviado toda su filosofía”[4]. La Carta a Heródoto “trata sobre fenómenos físicos”[5], la Carta a Pítocles “trata de fenómenos meteorológicos”[6] y la famosa Carta a Meneceo “trata de consideraciones sobre la vida humana”[7]. También se conservan sus Máximas capitales (40 aforismos incluidos también en el libro de Diógenes Laercio), las Sentencias Vaticanas (Gnomologium Vaticanum) –81 aforismos descubiertos en 1888 en un manuscrito del siglo XIV– y algunos fragmentos.

Diógenes Laercio nos cuenta lo mucho que Epicuro escribió: “Fue Epicuro el más prolífico escritor, sobrepasando a todos por su número de libros. Pues existen alrededor de trescientos rollos de él”[8]. Algunas de las obras perdidas, fascinantes ya por su título, son Acerca de la naturaleza (nada menos que 37 libros, de los cuales se conservan tan sólo unos poquísimos fragmentos), Acerca de los átomos y el vacíoSobre el ángulo del átomoAcerca de los dioses, Sobre el amorSobre los modos de vida (4 libros) y Sobre la música.

Epicuro tuvo una relación muy noble con sus amigos y seguidores, pero muy dura con otros filósofos, en especial con sus maestros y con los estoicos. Nunca admitió la influencia de Leucipo y Demócrito, y se burló de Nausífanes. Epicuro llegó a decir que no existió ningún Leucipo filósofo, aunque Russell aclara: as for Leucippus, [Epicurus] asserted that there was no such philosopher –meaning, no doubt, no that there was bo such man, but that the man was not a philosopher[9]. Según Russell, Epicuro pecó de dogmatismo dictatorial, puesto que sus seguidores tenían que aprender sus doctrinas al pie de la letra y no podían moldearlas. Su seguidor más brillante fue el romano Lucrecio (nacido más de 170 años después de la muerte de Epicuro), autor del famoso De rerum natura.

El hombre virtuoso desea el placer y evita el dolor. Para Epicuro la amistad es el placer más elevado. Epicuro fue el rey de los hedonistas, aunque a menudo su hedonismo ha sido malinterpretado como superficial y egoísta. En su atomismo se encuentran las bases de su visión de la vida, la muerte, el alma, los dioses y el cosmos. Su filosofía perseguía la tranquilidad, la paz, la armonía y la felicidad, y trataba de ahuyentar los terrores de la muerte, la superstición y los dioses: “Above all, live so as to avoid fear[10]; para ello, el conocimiento de la naturaleza y el universo era primordial.

La metafísica de Epicuro es materialista; la epistomelogía, empírica; y su ética, hedonista.

El atomismo de Epicuro

Los fundadores del atomismo fueron Leucipo (quien vivió en el siglo V aC y del cual se sabe muy poco) y Demócrito (c. 460 aC–c. 370 aC).

Epicuro reinterpretó el atomismo de Demócrito, quien a su vez se basó en el de Leucipo. Leucipo había dicho que el todo es infinito: “las cosas en su totalidad son infinitas y … cambian unas en otras, y la totalidad se compone de lleno y vacío … los cosmos nacen al precipitarse los cuerpos en el vacío y entremezclarse los unos con los otros”[11]. Leucipo habla de varios kosmoi, mundos o universos, idea crucial que recogerá Demócrito y, luego, Epicuro.

Leucipo habla –al igual que lo hará más tarde Epicuro– del nacimiento, expansión, extenuación, enflaquecimiento y destrucción del mundo (de los mundos): “Existen unos períodos … de nacimiento del mundo, [y] otros de expansión, consunción y destrucción”[12]. Esta idea será recogida por Demócrito, quien escribirá: “Los mundos son infinitos, engendrados y perecederos”[13]. Los mundos nacen y mueren continuamente (dependiendo del movimiento y las uniones de los átomos), y son infinitos en número, puesto que los átomos son también infinitos.

Epicuro escribe: “nada nace de la nada (…) el todo fue siempre tal y como ahora es, y siempre será igual”[14]. Demócrito había escrito: “nada nace de lo no ente ni se destruye en el no ser”[15]. Y Lucrecio escribirá: “ninguna cosa se engendra jamás de la nada por obra divina (…) la naturaleza disuelve … cada cosa en sus elementos esenciales, pero no destruye las cosas hasta la nada”[16]. En el atomismo, pues, la naturaleza genera y disuelve, pero los átomos permanecen eternos y nunca se destruyen.

Según Epicuro, cada cuerpo, todo lo que existe, está compuesto de átomos que se mueven continuamente en el vacío. Epicuro afirma en la Carta a Heródoto que “el todo consiste en átomos y vacío”[17]. Demócrito había escrito: “los principios del conjunto de cosas son los átomos y el vacío”[18]. Y Lucrecio afirmará que la natureza se compone de cuerpos y de vacío. Epicuro describe los átomos como los “elementos originales de los cuerpos”[19] y “los elementos fundamentales de la naturaleza”[20]. Los átomos son “indivisibles e inmutables, so pena de que todo fuera a destruirse en el no ser”[21].

Demócrito afirma que los átomos son infinitos, inalterables, insensibles y de infinitos tamaños, y que el sol, la luna, el alma y la inteligencia están compuestos por átomos ligeros y redondos. Epicuro afirma que los átomos no se alteran: son indestructibles y eternos. Lucrecio afirmará que los átomos se encargan de renovar las cosas eternamente, que son sólidos e indivisibles y que ninguna fuerza puede destruirlos.

El nombre átomo viene del griego atomos (ἄτομον) que significa indivisible. Hoy sabemos que el átomo es divisible: se compone de un núcleo formado por protones (de carga eléctrica positiva) y neutrones (eléctricamente neutros) –salvo en el caso del átomo del hidrógeno-1, que no tiene neutrones­– y de una nube de electrones (de carga eléctrica negativa).

Según Epicuro, los átomos se desplazan a “idéntica velocidad cuando se mueven a través del vacío, sin encontrar obstáculos”[22]. Los átomos se mueven continua y eternamente por el vacío, cayendo hacia abajo con un movimiento paralelo y rectilíneo, como una lluvia, a una velocidad constante (que es la velocidad del pensamiento, dice Epicuro). Lucrecio introduce en De rerum natura el clinamen, un cambio en el movimiento de los átomos, una desviación que da paso a la libertad. Los filósofos estoicos acusarán a Epicuro “d’avoir mal suivi Démocrite, et d’y avoir ajouté des stupidités telles qu’ … une ‘déclinaison’ totalment contingente des atomes[23].

No sólo los átomos libres se desplazan en el vacío infinito, sino que los átomos “retenidos” en los cuerpos formados por átomos también se mueven eternamente, ya que vibran sin cesar. Los átomos, pues, están siempre en movimiento en el espacio infinito. Los átomos se mueven y chocan entre ellos: “la solidez de los átomos produce el efecto de rebote en la colisión, en la medida en que la trabazón permite el retroceso después del choque”[24]. Dependiendo de cómo se junten los átomos y de la cantidad de átomos, se crea un cuerpo u otro.

No se sabe si Leucipo y Demócrito dotaron a los átomos de peso; probablemente, no. En Epicuro, los átomos sí que pesan: “se ha debatido [si] los átomos de Leucipo y Demócrito tenían peso … Epicuro sí les dotó explícitamente de peso”[25]. Russell, en su interesante y amena History of Western Philosophy, describe el movimiento de los átomos en el atomismo de Epicuro: los átomos pesan y normalmente caen, pero también se desvían y van hacia arriba, donde “chocan” con otros átomos. Los átomos poseen diferentes figuras, tamaños, pesos y colores.

Uno de los aspectos más interesantes del atomismo es que el atomismo negaba que el universo fuera una creación divina y que tuviera una finalidad: “in the atomist’s conception of the universe, there was no room for design, purpose, or divine agency. All that existed were material atoms moving randomly in a void. This does not mean that the atomists denied the existence of the gods, but they did deny that the gods had anything to do with natural processes[26] .

Epicuro afirma que los dioses no son los creadores del universo: “Frente al perfectísimo arte divino que Aristóteles encontraba en el mundo, Epicuro negaba la intervención divina de la naturaleza”[27]. El atomismo de Epicuro, que defendía que el todo se componía de átomos y vacío unidos aleatoriamente, implicaba que la creación divina no existía: “there could be no divine creation, care or governance of the universe[28]. Todo ocurre por casualidad, y no como resultado de la creación de un ser divino o inteligente.

Los dioses, según Epicuro, existen, y son seres inmortales y felices, pero no han creado el universo ni interfieren en absoluto con los hombres, sus destinos, sus vidas y sus muertes. No existe, pues, creación divina ni influencia divina: “Los dioses, en efecto, existen (…) Pero no son como los cree el vulgo (…) Y no es impío el que niega los dioses del vulgo, sino quien atribuye a los dioses las opiniones del vulgo”[29]. Los dioses epicúreos no están en absoluto preocupados por el destino de los hombres, así pues, no hay que tenerles miedo: “there is … no ground for the fear that we may incur the anger of the gods, or that we may suffer in Hades after death[30]. Lucrecio también describiriá a los dioses como seres lejanos a los hombres: “es necesario que todo ser divino goce de sí mismo de una vida inmortal con paz suprema, retirado de nuestros asuntos y apartado por completo”[31].

La filosofía de Epicuro deviene así una filosofía del placer y de la libertad: el hombre tiene que aprender a vivir, no a morir, puesto que la muerte “nada es para nosotros”[32]. El bien y el mal residen en la sensación, y la muerte es “privación del sentir”[33]. El terror que produce la muerte es fruto de la superstición, de la falsa creencia de que los dioses se ocuparán de juzgarnos cuando muramos. Epicuro es muy coherente con su atomismo y afirma que el alma es mortal y muere con nuestro cuerpo.

Epicuro describe el alma como un cuerpo formado por átomos finísimos y redondos, que se encuentra “por todo el organismo [y es] muy semejante al aire con cierta mixtura de calor”[34]. Lucrecio escribirá que el alma se compone de átomos de fuego, aire, aliento y una cuarta substancia, la más fina y delgada, que vendría a ser el alma del alma: “In Epicurus’ … theory, according to Lucretius, the psyché was composed of molecules of fire, air, breath and a nameless fourth substance[35]. El alma, pues, es corpórea, porque lo incorpóreo, según Epicuro, no existe, salvo el vacío. Una parte del alma es irracional y se halla por todo el cuerpo, y la otra es racional y se halla en el pecho, “como se advierte por los tempores y la alegría”[36]. El alma está “recubierta por el resto del organismo”[37]. El alma, al igual que el cuerpo, siente y vive mientras el cuerpo vive. Cuando el cuerpo muere, el alma se dispersa, pierde la sensibilidad y muere también. No hay, pues, vida después de la muerte, puesto que el cuerpo y el alma están unidos, y cuando el cuerpo muere, muere también el alma: “soul also [had] an atomic structure which desintegrated with the body at death[38].

Saber que no somos inmortales debe, según Epicuro, apaciguar las angustias del hombre: “el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida, no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad”[39]. La muerte no existe para nosotros: “la mayor perturbación de las almas humanas se origina … en la angustia ante la insensibilidad que comporta la muerte, como si ésta existiera para nosotros”[40]. Las famosas palabras de Epicuro sobre la muerte en la Carta a Meneceo apaciguan el terror de los ateos (angustiados tal vez por la desaparición del propio yo) y de los creyentes (aterrados por los futuros castigos divinos). Según el genial Epicuro, no hay que temerle a la muerte, puesto que el hombre y la muerte nunca se encuentran: “Nada hay … temible en el vivir para quien ha comprendido … que nada temible hay en el no vivir … es necio quien dice que teme a la muerte no porque le angustiará presentarse sin porque le angustia esperarla. Pues lo que al presentarse no causa perturbación vanamente afligirá mientras se aguarda. Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Conque ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya”[41].

El conocimiento de la física y de la filosofía tienen como objetivo ahuyentar los terrores del hombre sobre la muerte y los dioses. Russell escribe que Epicuro se interesa en la ciencia sólo para calmar los miedos y luchar contra las falsas creencias religiosas y las supersticiones: “Epicurus has no interest in science on its own account; he values it solely as providing naturalistic explanations of phenomena which superstition attributes to the agency of the gods[42]. Para Epicuro la física es simplemente un remedio para la angustia: “La physique est … un remède à l’angoisse[43].

Ferry, en su interesante libro sobre epicúreos y estoicos, escribe que toda la filosofía epicúrea se inspira en el atomismo de Demócrito: “La philosophie épicurienne … s’inspire de l’atomisme de Démocrite[44]. Según Salem, aunque el atomismo de Epicuro se base en el de Demócrito, fue Epicuro y no Demócrito quien pasó a ser el gran representante del materialismo (y el mayor enemigo del cristianismo): “En Occident, durant le Moyen Âge et bien au-delà, ce n’est pas tant Démocrite … mais Épicure qui fut considéré comme le véritable représentant du matérialisme[45]. Leucipo, Demócrito, Epicuro y Lucrecio son los grandes materialistas. No es de extrañar que el joven Marx hiciera su tesis doctoral sobre la diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y de Epicuro (Differenz der demokritischen und epikureischen Naturphilosophie, 1841).

Universos contingentes, engendrados y perecederos

En concordancia con el atomismo de Epicuro, el universo es contingente y aleatorio. La visión epicúrea de la libertad (el hombre es dueño de su destino y su mundo es un mundo donde el hombre actúa libremente) es una consecuencia de su visión del universo: “Comme le monde est hasard … comme l’univers est complètement contingent, la liberté est possible chez les épicuriens là où elle ne l’était pas chez les stoïciens[46]. Con su ideal de contingencia, Epicuro supera el determinismo de Demócrito, para quien todo ocurría por necesidad. Demócrito había escrito: “todo acontece de acuerdo con la necesidad, siendo el torbellino la causa de la generación de todas las cosas”[47] . El torbellino del que habla Demócrito es lo que arrastra a los átomos y forma los diferentes cuerpos y mundos. Epicuro recoge la idea de Demócrito y afirma que es a partir del torbellino del que se generan los diferentes mundos (mundos que son infinitos en número): “Épicure soutient la thèse de l’infinite du nombre des mondes, lesquels naissent à partir d’un tourbillon[48]. La gran diferencia respecto a Demócrito es que para Epicuro el mundo existe y es por pura casualidad. Para Platón y Aristóteles, en cambio, el universo era racional, necesario y bueno[49].

A mi juicio, lo más interesante de la cosmología de Epicuro es que no existe tan sólo un universo, sino varios universos.

El kosmos de Aristóteles, por ejemplo, se reducía a un compendio de 55 (ó 47) esferas homocéntricas[50]: la Tierra se situaba en el centro e iba seguida de la luna, el sol, los cinco planetas entonces conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno –Urano será descubierto sólo en 1781) y, finalmente, la famosa esfera de las estrellas fijas. Esta construcción formaba el kosmos, es decir, el mundo y el universo.

Al contrario de Parménides, Empédocles, Platón, Aristóteles y los estoicos, que afirmaban que sólo existía un kosmos, Epicuro defiende la existencia de varios kosmoi (no hay que olvidar que para los griegos kosmos –κόσμος– significaba a la vez mundo y universo): “À l’inverse de Parménide, d’Empédocle, de Platon … d’Aristote et des Stoïciens, qui furent unanimement partisans de la thèse de l’unicité du monde, Épicure soutient la thèse de l’infinité du nombre des mondes[51]. Epicuro sostiene que nada se opone a la existencia de varios mundos. Estos mundos, incluido el nuestro, nacen, envejecen y mueren. Esta idea de degeneración y disolución de los mundos o universos era impensable para los filósofos que defendían que el mundo o universo era una creación divina, como Platón. Los pitagóricos, al igual que Epicuro, también creían en la pluralidad de mundos o universos.

Epicuro afirma que “los mundos … han nacido del infinito”[52] . ¿Qué significa este infinito? Este infinito significa probablemente la infinidad de átomos. Los mundos son infinitos en número y son perecederos: “[los mundos] se disuelven, los unos más deprisa, los otros más despacio”[53]. Diógenes Laercio aclara: “Es claro, pues, que [Epicuro] afirma que también los mundos son perecederos, en cuanto se alteran sus partes constitutivas”[54].

Los átomos de los atomistas son infinitos en número y se mueven eternamente a través del vacío, creando continuamente diferentes mundos o universos: “atoms were infinite in number, and moved through an infinite extent of void in an eternity of time, kosmoi were continually being formed, increasing and then degenerating in the extent of boundless space[55]. Puesto que los átomos son infinitos y viajan muy lejos y se mueven en un espacio infinito, los mundos deben ser también infinitos: “también los mundos son infinitos, los semejantes a éste y los desemejantes. Pues los átomos, que son infinitos … se mueven incluso a lo más lejos (…) De modo que no hay nada que sea un impedimento a la infinidad de los mundos”[56].

Lucrecio habla de la pluralidad de mundos en un universo infinito; los átomos irían formando todos los cuerpos de este mundo y de otros mundos: “no hay para nosotros ningún límite en todas las direcciones por doquier (…) en todas las direcciones hay infinito espacio vacío y … las semillas en número innúmero y en universo ilimitado revolotean de muchos modos agitadas por eterno movimiento (…) es necesario que … admitas que hay en otro sitio otras reuniones de materia tales como es ésta”[57]. Lucrecio habla de otras tierras, otros hombres y otras fieras: “es necesario que admitas que hay en otras partes otros orbes de tierra y diversas razas de hombres y especies de fieras”[58].

En diciembre de 2011, la NASA descubrió el primer planeta en una zona “habitable”, es decir, a una distancia de su estrella donde la temperatura es ideal para que exista agua (puesto que el agua es esencial para la vida tal y como nosotros la conocemos). El planeta se llama Kepler-22b y se halla a 600 años luz de la Tierra: “NASA’s Kepler mission has confirmed its first planet in the ‘habitable zone’, the region where liquid water could exist on a planet’s surface[59]. Y el 17 de abril del 2014 la NASA anunció el descubrimiento de otro planeta, muy parecido a la Tierra, donde podría haber vida, el Kepler-186f, que se encuentra a 500 años luz de la Tierra: “Kepler-186f [is] the first validated Earth-size planet to orbit a distant star in the habitable zone —a range of distance from a star where liquid water might pool on the planet’s surface. The discovery of Kepler-186f confirms that Earth-size planets exist in the habitable zones of other stars and signals a significant step closer to finding a world similar to Earth[60].

Como apunta Rodis-Lewis en Épicure et son école, casi todos los filósofos antiguos pensaban que tan sólo podía existir un mundo, un universo, que era finito y acababa con la esfera de las estrellas fijas. Epicuro es original, pues no sólo introduce una infinidad de mundos o kosmoi, sino que también añade “entremundos”: “Que los mundos semejantes son infinitos en número es posible concebirlo, y también que un mundo semejante pueda existir en un universo y en un ‘entremundo’, como llamamos a la distancia entre mundos”[61]. Según Epicuro, los diferentes mundos tienen formas diferentes: “hay unos esféricos, otros ovoides y otros que tienen otras formas”[62].

Aristóteles había afirmado que el universo no ha sido creado por un demiurgo como creía Platón (quien, en Timeo, llama al creador del universo demiurgo, hacedor, padre, dios, óptimo y creador), sino que siempre ha existido, es eterno e infinito. Hawking dijo en una interesante conferencia: “Aristotle … believed the universe had existed for ever. Something eternal is more perfect that something created[63].

Los mundos y universos de Epicuro nacen, envejecen, se desgastan y mueren. Los átomos son inmutables y eternos, pero los mundos y universos que son creados por la unión aleatoria de los átomos cambian y son perecederos.

Una teoría fascinante que defendió la eternidad e inmutabilidad del universo, al contrario de Epicuro y su idea de mundos o universos engendrados y perecederos, fue la Steady-State Theory (SST), que compitió con la teoría del Big Bang de 1948 a 1955/1965. La idea de la SST fue desarrollada en dos artículos: uno de Bondi y Gold, más filosófico (“The steady-state theory of the expanding universe[64]) y otro de Hoyle, más matemático (“A new model for the expanding universe[65]). La SST se basaba en el principio cosmológico perfecto, según el cual el universo sería homogéneo e isotrópico (uniforme en todas las direcciones) a través del espacio y el tiempo: “The universe would … look roughly the same at all times as well as at all points of space[66]. Hoy la ciencia sostiene el principio cosmológico, que afirma que el universo es homogéneo e isotrópico en el espacio, pero no en el tiempo. La SST creía que a medida que el universo se expande se crea nueva materia y nueva energía. La SST defendía, al contrario de Epicuro, un universo eterno, sin principio ni fin. El modelo de Lemaître (desarrollado en L’Hypothèse de l’atome primitif, essai de cosmogonie, donde lanza su théorie de l’atome primitif, que se conocerá más tarde como Big Bang) suponía que el universo era absurdamente joven, y la SST (con su creación de materia y energía y su constante densidad) resolvía este problema.

El modelo aceptado hoy por la ciencia es el Big Bang, que defiende, al igual que Epicuro (salvando el anacronismo), que el universo ha tenido un principio y también tendrá un final: el Big Crunch (nombre que siempre me ha hecho entre gracia y angustia, y que me recuerda, no sé por qué, a Cookie Monster). La teoría del Big Bang es “the currently accepted model of the universe, according to which time and space emerged from a hot, dense, compact region between 10 and 20 billion years ago[67] y afirma que el universo fue creado hace unos 13.8 miles de millones de años. No debe confundirse el billion inglés (= mil millones) con el billón español (= un millón de millones).

A grandes rasgos, la string theory o superstring theory pretende ser “a theory of everything“. La string theory pretende conciliar la teoría de la relatividad general de Einstein con la mecánica cuántica: “superstring theory can absorb all the good features of the quantum theory and relativity in a surprising simple way[68] . La string theory afirma la existencia de 9, 10 ó 26 dimensiones, y apuesta (al igual que Epicuro, salvando el anacronismo) por un multiverso. El multiverso de la string theory es un multiverso de universos paralelos.

Los últimos descubrimientos de las ondas gravitacionales realizados en marzo de 2014 por BICEP2 prueban la existencia de un posible multiverso: “Gravitational waves rippling through the aftermath of the cosmic fireball, physicists suggest, point to us inhabiting a multiverse, a universe filled with many universes[69]. Linde, uno de los creadores de la teoría de la inflación cósmica, declaró: “In most models, if you have inflation, then you have a multiverse[70].

Pero la teoría de la eternal inflation theory no es la única teoría que apunta a la existencia de un multiverso. Moskowitz, en su conciso y claro artículo “5 Reasons We May Live in a Multiverse”, escribe: “The universe we live in may not be the only one out there. In fact, our universe could be just one of an infinite number of universes making up a ‘multiverse’[71]. Este multiverso podría estar formado por universos infinitos, universos burbuja, universos paralelos, universos hijos o universos matemáticos. Algunos de estos universos podrían acercarse, salvando el anacronismo, a los universos epicúreos.

No se sabe a ciencia cierta qué forma tiene el espacio-tiempo, pero la ciencia apunta hoy que probablemente tiene forma plana, y que es infinito. Epicuro había escrito que, aunque haya una infinidad de átomos, las agrupaciones de átomos no son infinitas, sino incalculables. Los mundos, pues, son también infinitos en número, pero no en variedad. Más de 2.300 años después de Epicuro, la ciencia afirma: “there are a finite number of ways particles can be arranged in space and time[72]. Así pues, por extraño que suene, aunque el espacio-tiempo sea infinito, habrá un momento en que se repetirá, y, por tanto, habrá también un momento en que existirá una repetición de nuestro universo y de cada uno de nosotros: “Space-time may stretch out to infinity. If so, then everything in our universe is bound to repeat at some point, creating a patchwork quilt of infinite universes[73].

Los universos burbuja son una consecuencia de la teoría de la inflación cósmica. La inflación cósmica es la expansión del universo a una velocidad más rápida que la velocidad de la luz: “[Inflation] is the notion that during the first … 0.0000000000000000000000000000000001 seconds, the universe underwent exponential expansion, doubling in size at least 90 times“, explica Moskowitz[74]. La inflación cósmica respondería a la pregunta de por qué el universo aparece plano, homogéneo e isotrópico. Aunque en nuestro universo la inflación cósmica ya se haya producido, existen otras regiones donde la inflación cósmica sigue produciéndose, creando así nuevos universos apartados, como en una burbuja: “in some of these bubble universes, the laws of physics and fundamental constants might be different than in ours, making some universes strange places indeed[75].

La idea de universos paralelos viene de la string theory. Las diferentes dimensiones dan paso a varios universos: “Our universe may live on one membrane, or “brane” that is parallel to many others containing their own universes, all floating in a higher-dimensional space[76]. La mecánica cuántica describe el mundo en términos de posibilidades más que de realidades. Las diferentes posibilidades dan paso a otros universos. Moskowitz describe estos universos de posibilidades (llamados universos hijos) de la siguiente manera:”if you reach a crossroads where you can go right or left, the present universe gives rise to two daughter universes: one in which you go right, and one in which you go left[77]. Por último, los universos matemáticos se basan en estructuras puramente matemáticas.

Salvando el anacronismo, los infinitos kosmoi de Epicuro encajarían, de alguna manera, en el multiverso defendido hoy por la string theory y la mecánica cuántica.

Las múltiples explicaciones de los fenómenos celestes

Epicuro habla de los fenómenos celestes al final de la Carta a Heródoto y, extensamente, en la Carta a Pítocles. Epicuro afirma que la Tierra está sostenida por el aire. Los astros son masas de fuego hechas de tierra y de piedra, y no son movidos por los dioses. Epicuro escribe que la regularidad de los movimientos de traslación, solsticios, eclipses, salida y ocaso de los astros “no suceden por obra de algún ser que los distribuya, o los ordene (…) [sino que] se realizan de acuerdo con las implicaciones originarias de los mismos compuestos orgánicos desde el origen del universo”[78].

Según Epicuro, la felicidad depende del conocimiento que se tenga de los fenómenos celestes. Conocer la causa de los fenómenos celestes hace que los temores a los dioses desaparezcan. Conocer los fenómenos celestes libera al hombre del miedo. Si observamos y estudiamos los fenómenos, “descubriremos … de dónde se originan la perturbación y el temor y nos liberaremos de ellos, explicando las causas de los fenómenos celestes, y de los demás acontecimientos que siempre se repiten, que aterrorizan en extremo a los demás”[79]. Epicuro no desea conocer la causa de los fenómenos celestes por pura curiosidad, sino para ahuyentar los miedos producidos por el desconocimiento y la ignorancia: “no hay ninguna otra finalidad en el conocimiento de los fenómenos celestes … sino la serenidad de ánimo y la confianza segura”[80].

Epicuro no da una única respuesta a cada uno de los fenómenos celestes y meteorológicos, sino que defiende “el método de explicación múltiple”[81] para explicar la cara de la luna, el eclipse de sol, el eclipse de luna, la diferencia en la duración de los días y las noches, las nubes, la lluvia, los truenos, los relámpagos, los ciclones, los terremotos, el granizo, la nieve, el rocío, el hielo, el arco iris, los cometas y el movimiento de los astros, tal y como describe en la Carta a Pítocles. Todas las explicaciones que se basen en la observación o que, simplemente, sean posibles, son válidas. Epicuro afirma que el mundo es “una región delimitada del cielo que abarca las estrellas, la tierra y todos los fenómenos, estando limitado frente al infinito, concluyendo en un límite que puede ser etéreo o fijo … en movimiento o rígido, de figura redonda o triangular o de cualquier otro formato. Es posible que sea de cualquier forma, ya que ninguno de los fenómenos se opone a tal universo”[82]. Epicuro propone, pues, varias posibilidades y, por prudencia y humildad, no escoge entre ellas.

Conclusión

En el atomismo de Epicuro no hay orden ni lógica ni creación divina. El epicureísmo, como bien apunta Ferry, sería la antítesis de la tradición cosmológica de Parménides, Platón, Aristóteles y los estoicos: “l’épicurisme est bien une espèce de contre-culture par rapport à toute la tradition cosmologique qui va de Parménide aux stoïciens en passant par Platon et Aristotle[83]. Sólo los pitagóricos (quienes también defendieron la pluralidad de kosmoi) compartirían, en materia cosmológica, algunos pequeños puntos con el epicureísmo.

Según Russell, la influencia de Aristóteles fue un obstáculo para el progreso: “Towards the end of this long period [2.000 years] his authority had become almost as unquestioned as that of the Church, and in science, as well as in philosophy, had become a serious obstacle to progress[84]. Russell aclara que cualquier filósofo de la antigüedad que hubiera influido en el pensamiento durante 2.000 años habría sido nefasto para la humanidad, con la sola excepción, tal vez, de Demócrito. Russell admira en Demócrito el atomismo, que es uno de los pilares de la filosofía de Epicuro.

Hoy, salvando enormemente el anacronismo, la pluralidad de mundos de Epicuro podría equipararse a la pluralidad de universos defendida por una gran parte de la comunidad científica, y el todo infinito epicúreo podría tal vez equipararse, salvando, una vez más, el anacronismo, a la infinidad del espacio-tiempo. Esta comparación es un tanto fantástica y puede sonar absurda; sin embargo, es difícil ignorar las similitudes.

La ciencia tiene hoy varias razones para creer en la existencia de un multiverso, una postura fascinante que parece cercana a la ciencia ficción, que explicaría varios fenómenos que se observan en el universo. El multiverso es la consecuencia de las principales teorías científicas de hoy en día, como la teoría de la inflación cósmica, la mecánica cuántica y la string theory. Epicuro, charlando en su Jardín, sin telescopios, sin BICEP2, defendió, hace más de 2.300 años, la existencia de infinitos mundos o universos.

La propuesta de Epicuro es fascinante y, aunque por momentos desconcierte, es coherente. La idea de la infinidad de mundos puede parecer paradójica, puesto que Epicuro sostiene que, aunque los átomos sean infinitos, la variedad de las formas de los átomos no es infinita, sino sólo incalculable. En un pasaje-puzle de la Carta a Heródoto, Epicuro escribe: “los elementos indivisibles y compactos de los cuerpos, de los que surgen los compuestos y en los que se disuelven, son incalculables en las variedades de sus formas. Pues no sería posible que se presentaran tan numerosas variedades de cuerpos a partir de las mismas formas en número reducido. Las formaciones iguales en cuando a su figura son sencillamente infinitas, mientras que la variedad no es infinita, sino sólo incalculable”[85]. ¿Qué es, pues, lo que es incalculable? Lo que es incalculable es la variedad de átomos. Los átomos, pues, son infinitos en número pero no en variedad. Otra traducción del mismo pasaje dice: “the indivisible and solid bodies from which compound substances are created and into which they are dissolved are incomprehensible in the varieties of their shapes; for it is impossible that such varieties arise from the same shapes if they are limited in number. In each configuration the number of atoms is infinite; but in their varieties they are not absolutely infinite but only incomprehensible[86]. La conclusión que puede sacarse es que los mundos o kosmoi, son, pues, también infinitos en número, pero no en variedad. Estos mundos o kosmoi, aunque no sean observables astronómicamente, sí que son posibles, por lo tanto, nada impide que existan. Si los mundos son infinitos en número, pueden repetirse, puesto que no son infinitos en variedad, sino sólo incalculables. Según  la string theory, existen alrededor de 10.500 posibilidades de universos. El número, pues, aunque inmenso, no sería infinito. Pueden, pues, existir universos iguales, como pareció dislumbrar Epicuro hace más de 2.000 años: “These numbers, although unassimilably huge, are still finite, and so (as Epicurus realized millenia ago) they ensure the repetition of any given universe, including our own[87].

Personalmente, creo que cualquier acercamiento a los misterios del universo es fascinante. Siempre y cuando las respuestas no sean discriminatorias ni prometan castigos eternos, cualquier teoría (aunque luego quede descalificada) hace avanzar al minúsculo ser humano en el conocimiento de la naturaleza y el universo.

Las teorías que defienden un multiverso, como había defendido ya Epicuro, son fascinantes y muy posibles. La respuesta al origen y fin del universo, a la creación del tiempo y de otros universos, ya sean infinitos, paralelos, burbujas, hijos o matemáticos es, a mi juicio, inalcanzable. La propuesta de la Steady-State theory, por ejemplo, puede resultar audaz, pero su “originalidad” no es menos escandalosa que la teoría del Big Bang o la string theory. Pensar que el tiempo no existía antes del Big Bang resulta incómodo y la respuesta a qué había antes del Big Bang también es problemática. La string theory, con sus 10, 11 ó 26 dimensiones y sus universos paralelos, es también original y, a la vez, brillante y angustiante.

Personalmente, en cuestiones de tal magnitud, me acerco mucho más al escepticismo de Hume que a las teorías científicas o a la arrogancia de las religiones monoteístas (que creen poseer todas las respuestas). En este sentido, la posición de Epicuro de no decantarse por ninguna respuesta posible a los enigmas del universo y la naturaleza es humilde y honrada. Nuestro universo es un misterio y lo seguirá siendo, aunque Hawking opine lo contrario. Eso no quiere decir que la búsqueda de respuestas por parte de la ciencia y la filosofía no sea fascinante y necesaria.

Epicuro se adelantó a su tiempo y creó una cosmología basada en el atomismo, independiente de los dioses, con infinitos mundos o universos, imaginativa a veces, pero siempre coherente. Su apuesta por la posibilidad de la existencia de infinitos mundos o universos se acercaría hoy en día a una de las respuestas más satisfactorias al enigma del cosmos.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 20 de mayo de 2014

EPICURUS-BRITISH-MUSEUM

Busto de Epicuro. Mármol. Copia romana del original griego, siglo III–siglo II aC / British Museum

Hubble shears a "woolly" galaxy

Galaxia NGC 3521 (the “Bubble Galaxy”). NASA/ESA Hubble Space Telescope / NASA

Bibliografía

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Webs & Links

Epicurus and Epicurean Philosophy

Epicurean Philosophy online

NASA

NASA’s Kepler Mission Confirms Its First Planet in Habitable Zone of Sun-like Star, December 5, 2011

Kepler-186f, the first Earth-size Planet in the Habitable Zone

Moskowitz, Clara, “The Big Bang: Solid Theory, But Mysteries Remain“, March 19, 2010

Moskowitz, Clara, “5 Reasons We May Live in a Multiverse“, December 7, 2012

Vergano, Dan, “Big Bang discovery opens doors to the “Multiverse”. Gravitational waves detected in the aftermath of the Big Bang suggest one universe just might not be enough” (National Geographic), March 19, 2014

NOTAS

[1] Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos ilustres, Libro X, § 2, p. 511

[2] Ibíd., Libro X, § 10, p. 515

[3] “Usener … había atribuido [la Carta a Pítocles] a un seguidor tardío, mientras que … Philipson [y] Vogliano … pensaban en la colaboración entre Epicuro … y un discípulo próximo”, García Gual, Epicuro, p. 130

[4] Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 28, p. 523

[5] Ibíd., Libro X, § 29, p. 523

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Ibíd., Libro X, § 26, p. 521

[9] Russell, History of Western Philosophy, p. 232

[10] Ibíd, p. 235

[11] Diógenes Laercio, op. cit., Libro IX, § 30, p. 471

[12] Ibíd., Libro IX, § 33, p. 472

[13] Ibíd., Libro IX, § 44, p. 477

[14] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 38, 39, p. 527

[15] Ibíd., Libro IX, § 44, p. 477

[16] Lucrecio, La naturaleza de las cosas, pp. 64, 66

[17] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 39, p. 527

[18] Diógenes Laercio, op. cit., Libro IX, § 44, p. 477

[19] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 41, p. 528

[20] Epicuro, Carta a Pítocles, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 86, p. 546

[21] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 41, p. 528

[22] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 61, p. 536

[23] Rodis-Lewis, Épicure et son école, p. 17

[24] Ibíd., Libro X, § 44, p. 529

[25] Sellés, Introducción a la historia de la cosmología, pp. 33, 34

[26] Kragh, Conceptions of Cosmos, p. 17

[27] Castillo, Introducción a La naturaleza de las cosas de Lucrecio, p. 16

[28] Wright, Cosmology in Antiquity, p. 33

[29] Epicuro, Carta a Meneceo, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 123, p. 560

[30] Russell, op. cit., p. 236

[31] Lucrecio, op. cit., p. 59

[32] Epicuro, Carta a Meneceo, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 124, p. 560

[33] Ibíd.

[34] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 63, p. 536

[35] Wright, op. cit., p. 110

[36] Comentario de Diógenes Laercio en Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 66, p. 538

[37] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 64, p. 537

[38] Wright, op. cit., p. 33

[39] Epicuro, Carta a Meneceo, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 124, pp. 560, 561

[40] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 81, p. 543

[41] Epicuro, Carta a Meneceo, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 125, p. 561

[42] Russell, op. cit., p. 236

[43] Salem, Les Atomismes de l’Antiquité, p. 110

[44] Ferry, Épicuriens et stoïciens, p. 52

[45] Salem, op. cit., p. 277

[46] Ferry, op. cit., p. 53

[47] Diógenes Laercio, op. cit., Libro IX, § 45, p. 477

[48] Salem, op. cit., p. 116

[49] Platón había escrito: “este universo es el más bello de los seres generados”, Timeo, p. 56; “este mundo … llegó a ser el mayor y mejor, el más bello y perfecto”, Timeo, p. 145. Aristóteles había escrito: “la naturaleza no hace nada irracionalmente ni en vano (…) la naturaleza siempre realiza la mejor de las posibilidades”, Acerca del cielo, Libro II, § 11, p. 138 & Libro II, § 5, p. 124El mundo de Platón y Aristóteles es un mundo teleológico

[50] “si no se les añaden a la Luna y al Sol los mencionados movimientos, habrá en total cuarenta y siete esferas”, Aristóteles, Metafísica, Libro XII, Cap. 8, p. 378. North escribe al respecto: “[Aristotle] adds a puzzling remark that has never been convincingly explained, to the effect that omitting the extra movements of the Sun and Moon the total is forty-seven“, The Fontana History of Astronomy and Cosmology, p. 83

[51] Salem, op. cit., p. 116

[52] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 73, p. 540

[53] Ibíd.

[54] Nota de Diógenes Laercio insertada en Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 73, p. 540

[55] Wright, op. cit., p. 33

[56] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 45, p. 530

[57] Lucrecio, op. cit., p. 139

[58] Ibíd.

[59] NASA

[60] NASA

[61] Epicuro, Carta a Pítocles, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 89, p. 547

[62] Nota de Diógenes Laercio insertada en Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 74, p. 541

[63] Stephen Hawking Cosmology Lecture Geneva University

[64] Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 108, 252-270 (citado en “References” en Kragh, Conceptions of Cosmos, p. 253)

[65] Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 108, 372-382 (citado en “References” en Kragh, Conceptions of Cosmos, p. 258)

[66] Hawking, A Brief History of Time, p. 51

[67] Singh, Big Bang, p. 499

[68] Kaku, Einstein’s Cosmos, p. 225

[69] Vergano, “Big Bag Discovery Opens Doors to the ‘Multiverse’”

[70] Citado en Vergano, “Big Bang Discovery Opens Doors to the ‘Multiverse’”

[71] Moskowitz, “5 Reasons We May Live in a Multiverse”

[72] Ibíd.

[73] Ibíd.

[74] Moskowitz: “The Big Bang: Solid Theory, But Mysteries Remain”

[75] Moskowitz, “5 Reasons We May Live in a Multiverse”

[76] Ibíd.

[77] Ibíd.

[78] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 76, 77, p. 542

[79] Ibíd., Libro X, § 82, p. 544

[80] Epicuro, Carta a Pítocles, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 85, p. 545

[81] Ibíd., Libro X, § 95, p. 549

[82] Ibíd., Libro X, § 88, pp. 546, 547

[83] Ferry, op. cit., p. 52

[84] Russell, op. cit., p. 157

[85] Epicuro, Carta a Heródoto, en Diógenes Laercio, op. cit., Libro X, § 42, p. 529

[86] Epicurus, Letter to Herodotus (Diogenes Laertius, X, 42), The Essential Epicurus, p. 23

[87] Rubenstein, Worlds without End, p. 165

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