Existencialismo y maestría en Irrational Man. La pregunta por el sentido

El viernes pasado se estrenó en España Irrational Man, del genial Woody Allen. La primera palabra de la película, en boca de Joaquin Phoenix, es “Kant”. Woody Allen parece haber hecho Irrational Man para los amantes de la filosofía: Kierkegaard, Heidegger, Sartre, Dostoyevski y Hannah Arendt hacen sus apariciones. Angustia, desesperación, sentido, elección, moral, suicidio y asesinato son los temas principales de la película.

La interpretación de Joaquin Phoenix es espectacular. Phoenix encarna a Abe, un brillante y controvertido profesor de filosofía, angustiado, deprimido y nihilista, que les habla a sus alumnos de lo cruel y desesperante que es la existencia humana. Phoenix aparece como un hombre de carne y hueso, vulnerable y atormentado, que habla de la moral kantiana y del existencialismo de una manera fresca y real.

La heroína de la película, interpretada por Emma Stone, es Jill, una estudiante de filosofía inteligente y despierta, que se enamora del romanticismo y la genialidad de Abe. La verdad es que nunca he entendido el “arte” de Stone. Aparte de aparecer en las red carpets con una sonrisa postiza, una falsa armónica mirada y unos vestidos espectaculares, no consigo ver en qué consiste su genio. Tal vez su cara bonita, con la mandíbula ligeramente desencajada, haya contribuido a haber hecho de una actriz mediocre un súper boom. Sus interpretaciones son tan aburridamente parecidas que si se mezclaran y cambiaran las unas por las otras sus películas no se verían afectadas. Jill podría perfectamente ser Gwen (Spider-Man); Gwen podría ser Sam (Birdman); y Skeeter (The Help) podría ser Sophie (Magic in the Moonlight). Además, pienso que Stone podría haberse molestado en aprender un poco a tocar el piano para Irrational Man, por respeto a Woody Allen.

Es una pena que Woody Allen y Juliet Taylor (probablemente la casting director más famosa de Hollywood, encargada del casting de casi todas las películas de Woody Allen, y de películas famosísimas como Taxi Driver, Terms of Endearment y Schindler’s List) no hayan pensado en otras jóvenes actrices de hoy, que sí son realmente fascinantes, como Mia Wasikowska, Carey Mulligan, Ellen Page o Kristen Stewart. Creo que Irrational Man con una actriz de la talla de Phoenix hubiera ganado mucho. Con todo, el papel de Stone es convincente, gracias al genial guión de Woody Allen.

La otra mujer de Abe es Rita, interpretada por Parker Posey, quien hace una interpretación brillante. Rita es una mujer frustada con su matrimonio, un tanto perdida y un tanto putilla, y ve en Abe una salvación. Ethan Phillips (quien interpretó al antipático agente del IRS Gorsky en la comedia de los 90 Green Card –Matrimonio de conveniencia para los españoles–) tiene un pequeño papel en la película e interpreta al padre de Jill. He leído varias críticas negativas sobre la interpretación de Jamie Blackey, quien encarna a Roy, el novio de Jill, pero sinceramente creo que interpreta su papel (un chico simple, poco excitante y enamorado) a la perfección.

Irrational Man tiene algo de Match Point y bastante de Cassandra’s Dream (un drama buenísimo y poco conocido de Woody Allen, con las brillantes interpretaciones de Ewan McGregor, Colin Farrell y la genial Sally Hawkins –quien hizo luego un papel realmente espectacular en Blue Jasmine). Aun así, Irrational Man es original, genuina y sorprendente. El final es inesperado y tiene un sabor a Hitchcock. La música, como en todas las películas de Woody Allen, es buenísima. Ramsey Lewis (quien, debo reconocerlo, no conocía –he comprado ya varios CDs suyos–) nos acompaña con su funky jazz durante casi toda la película y es absolutamente genial.

Abe lleva al extremo el primer principio del existencialismo (el hombre es lo que hace de sí mismo): “l’homme n’est rien d’autre que ce qu’il se fait, dice Sartre en L’existentialisme est un humanisme. El hombre será lo que haya decidido y proyectado ser, en completa libertad. Sartre afirma que el hombre es pura libertad, y que no puede jamás renunciar a su libertad; de ahí su famosa y explosiva frase “l’homme est condamné à être libre[1]. El hombre es totalmente responsable de lo que es, y debe inventarse su vida y darle un sentido a su existencia.

Según Sartre, el existencialismo es la filosofía menos escandalosa y la más austera, y puede definirse simplemente con las palabras: “l’existence précède l’essence[2]. En el ser humano la existencia precede a la esencia. El hombre existe antes de poder definirse: “L’homme existe d’abord, se rencontre, surgit dans le monde, et … il se définit après[3]. El hombre, al nacer, no es nada, puesto que no está definido: “L’homme, tel que le conçoit l’existentialiste, s’il n’est pas définissable, c’est qu’il n’est d’abord rien[4]. El hombre se hace a sí mismo.

El existencialismo sartreano es una filosofía de la acción y de la libertad. Sólo hay realidad en la acción. Abe lo sabe y, por ello, decide actuar. El destino del hombre no depende ni del destino ni de Dios. El hombre está completamente solo y es amo y señor de su existencia. Según Sartre, la libertad no es una propiedad contingente de la existencia, un añadido, sino el principio fundamental de la existencia humana: “la liberté est existence[5]. La filosofía de Sartre es una filosofía de la libertad. Ser, para el hombre, es existir, y la existencia del hombre es libertad.

Tillich afirma que en el existencialismo se encuentran el coraje de la desesperación, el sinsentido y la angustia: “The courage of despair, the experience of meaninglessness, and the self-affirmation in spite of them are manifest in the Existentialists of the twentieth century[6]. El existencialista no dice que, como nada tiene sentido, es mejor rendirse; el existencialista dice que nada tiene sentido y que todo es contingente, y que hay que vivir valientemente a pesar del sinsentido y de la contingencia de la existencia.

Somos la suma de nuestros actos. El hombre no debe limitarse sólo a meditar, sino que debe actuar, y Abe lo sabe. Desear que algo ocurra no es nunca suficiente. Si deseamos la muerte de alguien, la única acción coherente es llevar a cabo el asesinato. Y la moral, ¿dónde queda? ¿Acaso todos los hombres merecen vivir? Los hombres mezquinos, malos y abusadores son parásitos ¿o no? ¿No estaría mejor el mundo sin un puñado de ellos? Nadie diría que haber matado a Hitler, ese perro sádico y monstruoso, en el 42 hubiera sido un crimen, sino una acción heroica y necesaria. Cuando Abe se propone liquidar al juez corrupto, su vida cobra de nuevo sentido. Abe empieza a desayunar algo más que un café, es capaz de volver a hacer el amor y empieza a disfrutar de los olores y sabores que le da la vida porque su vida tiene de repente sentido, gracias a su idea del asesinato.

Y es que el hombre, ya lo dijo genialmente Frankl, es un ser en busca de sentido. Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo que sobrevivió a los horrores de Theresienstadt, Auschwitz, Kaufering y Türkheim (dos campos pertenecientes al complejo de Dachau), escribió justo después de la guerra un librito profundo y espeluznante titulado Ein Psychologe erlebt das KZ (1946). Luego el libro fue retitulado …trotzdem Ja zum Leben sagen. Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager[7]. Fue traducido al inglés en 1959 primeramente bajo el título From Death-Camp to Existentialism y luego bajo el título Man’s Search for Meaning (la traducción española usó el segundo título de la traducción inglesa: El hombre en busca de sentido).

La tesis de Frankl es un sí a la vida con mayúsculas. Su mensaje: una fe incondicional en el sentido de la existencia: “meaning is available under any conditions, even the worst conceivable ones[8]. La vida tiene sentido siempre, hasta el final (“life has a meaning to the last breath[9]) y es al hombre al que corresponde darle este sentido.

Frankl defiende un trágico optimismo: un optimismo a pesar de la “tríada trágica” de la vida: el dolor, la culpa y la muerte. La tríada trágica nos da diferentes oportunidades: el dolor nos da la oportunidad de transformar el sufrimiento en un logro o éxito; la culpa nos da la oportunidad de cambiar para mejor; y la muerte y la transitoriedad de nuestra vida nos dan la oportunidad de tomar responsabilidad en nuestras acciones. Incluso en las situaciones más horribles y desesperantes, el hombre puede darle un sentido a su vida dándole a su sufrimiento un sentido último, aunque ese sentido último sea “tan sólo” conservar su dignidad hasta el final. La vida no pierde jamás su sentido, sean cuales sean las condiciones bajo las que se vive: “life is potentially meaningful under any conditions, even those which are most miserable[10]. Abe no ve este optimismo y siente un vacío existencial enorme. Tanto la vida como la muerte son para Abe un sinsentido.

Frankl es el fundador de la logoterapia. “Logos” suele traducirse por “palabra”, pero Frankl traduce “logos” por “sentido”. Logoterapia significa “therapy through meaning[11]. La logoterapia es llamada la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia (después del psicoanálisis de Freud y de la psicología individual de Adler). El psicoanálisis se basa en el principio del placer (que Frankl llama la voluntad de placer, der Wille zum Lust, the will to pleasure), la psicología individual se basa en la voluntad de poder (der Wille zur Macht, the will to power), y la logoterapia se basa en la voluntad de sentido (der Wille zum Sinn, the will to meaning). La primera fuerza que mueve al hombre es la búsqueda por el sentido de la vida.

La logoterapia afirma que el psicoanálisis y la psicología individual no se contraciden sino que se complementan. Pero a ambos les falta algo: tanto el psicoanálisis como la psicología individual han olvidado la dimensión espiritual del ser humano. El hombre, según Frankl, no se deja llevar ni por la voluntad de placer ni por la voluntad de poder, sino por la voluntad de sentido: “Man is basically concerned with finding and fulfilling a meaning in life[12]. El hombre necesita una psicoterapia que vaya más allá del complejo de Edipo y del complejo de inferioridad. La logoterapia se dirige a la esfera espiritual del hombre. Esta dimensión espiritual se caracteriza por la búsqueda de un sentido, por la libertad, la responsabilidad y la dignidad.

Frankl afirma que el hombre vive en tres dimensiones: la dimensión somática (física), la dimensión mental (psíquica) y la dimensión espiritual (noética). El hombre es el conjunto de sus aspectos somáticos, psíquicos y espirituales. La dimensión espiritual, que se centra en la voluntad de sentido, es la que hace al hombre humano y digno: “This will-to-meaning is the most human phenomenon of all, since an animal certainly never worries about the meaning of its existence[13]. Frankl define al hombre como libertad, responsabilidad y espiritualidad. Sartre define al hombre como libertad, responsabilidad y angustia.

Frankl y Sartre son ambos existencialistas. Frankl defiende que la vida siempre tiene sentido. Sartre, por el contrario, defiende que todo es absurdo y contingente. El hombre está solo, sin Dios y sin excusas, y debe acarrear valientemente el vacío de la existencia humana. Abe se acercaría al principio de la película a Sartre, y luego, un poco a Frankl. La tesis de Frankl es tal vez más esperanzadora, pero la tesis de Sartre es, en mi opinión, aunque más cruda, mucho más real.

Frankl afirma que el hombre que ha encontrado un sentido a su vida es capaz de dar la vida por ese sentido, y que el hombre que no ha encontrado un sentido fácilmente puede suicidarse. El atormentado Abe, que al principio de la película sufre un vacío existencial, juega con la idea del suicidio cuando demuestra delante de unos asustados estudiantes las reglas de la ruleta rusa, apretando el gatillo de un arma cargada varias veces sobre su sien.

Frankl afirma que el suicidio nunca está justificado, puesto que la vida siempre tiene valor y sentido. Sartre afirma que la posibilidad del suicidio crea angustia, y Camus, el filósofo que llamó a la vida absurda, al hombre absurdo y a la existencia absurda, se pregunta si el suicidio puede ser una solución a lo absurdo.

Según Camus, decidir si la vida vale o no la pena de ser vivida es la pregunta fundamental de la filosofía. El suicidio es para Camus “un problème philosophique vraiment sérieux[14]. Camus reconoce que vivir no es fácil (“Vivre … n’est jamais facile[15]) y que buscarle un sentido a la vida es una tarea difícil (“le sens de la vie est la plus pressante des questions[16]). Camus afirma que la mayoría de las veces el hombre que se suicida no ha sido capaz de encontrar una razón para vivir. Pero no todo hombre que se suicida lo hace como respuesta a su existencial vacuum. Hay gente que se suicida habiendo encontrado un sentido a su vida. El hombre es contradictorio. Camus llama absurdo a este divorcio entre el hombre y su vida. A veces se puede tener la sensación de que el suicidio puede resolver la vida absurda, pero esta creencia es absurda, puesto que el absurdo no puede resolverse. La rebelión es la única posición filosófica coherente. Y el suicidio no es rebelión. Camus no apoya el suicidio: “je refuse le suicide[17]. A pesar de que sepamos cómo acabará nuestra vida (con la muerte), es mejor vivir que no vivir: “Maintenant, il s’agit de vivre[18]. A pesar de la libertad absurda, del mundo absurdo y de la vida absurda, siempre hay algo, dice Camus citando a Nietzsche, por lo que vale la pena vivir, ya sea la virtud, el arte, la música, la danza o la razón del espíritu.

Diane Keaton, en la película de Woody Allen Love and Death, dice en boca de Sonja que si Dios no existe, la vida es absurda y nada tiene sentido. Frente a este sinsentido ¿por qué no suicidarse? La respuesta de Boris es muy graciosa:

Boris: What if there is no God?

Sonja: Boris Dimitrovich, are you joking?

Boris: What if we are a bunch of absurd people who are running around with no rhyme or reason?

Sonja: But if there is no God, then life has no meaning. Why go on living? Why not just commit suicide?

Boris: Well, let’s not get hysterical, I could be wrong. I’d hate to blow my brains out and then read in the papers they found something

Frankl compara el suicidio con la actitud de un jugador de ajedrez que, frente a un momento difícil de la partida, decide tirar todas las piezas del tablero. Así como el jugador de ajedrez viola así las reglas del juego, así el suicida viola las reglas del juego de la vida. Frankl afirma que en la vida, al igual que en el ajedrez, no hay que ganar siempre, sino no rendirse jamás. Frankl se pregunta si el suicidarse es un acto de valentía o cobardía. Benjamin escribió que “el suicidio no es una renuncia, sino pasión heroica”[19]. Frankl afirma que el que se suicida es valiente con la muerte, pero cobarde con la vida.

Cuando Abe planea el asesinato, su vida cobra sentido. El suicidio, pues, ya no es una opción para Abe. Abe se pregunta entonces cómo es posible que antes viera todo tan negro y tan vacío de sentido.

En el 2010 le preguntaron a Woody Allen cuál era su visión sobre el sentido de la vida, y él contestó: “I have a very grim pessimistic view of it. I always had. Since I was a little boy. It hasn’t gotten worse with age or anything. I do feel that it’s a grim, painful, nightmarish, meaningless experience and that the only way you can be happy is if you tell yourself some lies and deceive yourself (…) One must have one’s illusions to live. If you look at life too honestly life does become unbearable because it is a pretty grim enterprise[20]. Yo comparto bastante la visión de Woody Allen. Eso no quiere decir que no tengamos que hacer nada en la vida y que nuestra existencia sea una experiencia vacía. Al contrario. Como la vida tiene poco sentido, y la muerte no tiene sentido alguno, hay que crear, amar y crecer lo máximo posible, para no sucumbir a la desesperación. Woody Allen siempre ha dicho que a él la idea de la muerte le aterroriza y le incomoda, así que, para no tener que pensar en la muerte, no para de crear. En cuanto acaba una película, empieza enseguida otra. ¿Y por qué? Porque prefiere estar preocupado en cosas superficiales como su película que en cosas tremebundas como la vejez o la muerte.

No somos nada. Vivimos en un universo frío y hostil, al cual poco le importa nuestra existencia. Hume ya dijo que la vida del hombre no tiene más importancia para el universo que la vida de la ostra. Pero precisamente porque al universo poco le importa nuestra existencia, somos nosotros los que debemos estar muy preocupados por ella. La búsqueda por un sentido es, como afirma Frankl, la pregunta esencial.

Woody Allen es una máquina creadora. A sus casi 80 años (el 1 de diciembre es su cumpleaños), Woody ha dirigido 52 películas, cortos y series, ha escrito 76 guiones para películas, cortos y series, y ha actuado en 44 películas, cortos y series. Fellini dirigió 27 películas y cortos, y escribió 54; Truffaut dirigió 27 películas y cortos, y escribió 35 (y eso que murió bastante joven, a los 52 años); y el colosal Bergman dirigió 67 películas, cortos y series, y escribió 72 (murió mayor, a los 89 años).

Los padres de Woody Allen vivieron muchos años. Su madre, Nettie Konigsberg (1906–2002), vivió 95 años, y su padre, Martin Konigsberg (1900–2001) vivió 100 años. Esperemos que Woody Allen viva tanto como sus padres y nos deleite por muchos años con nuevas, geniales, filosóficas y artísticas obras maestras.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 2 de octubre de 2015

Publicado en Humano, creativamente humano el 6 de noviembre de 2015

woody-allen-collage

NOTAS

[1] L’existentialisme est un humanisme, p. 39

[2] Sartre, L’existentialisme est un humanisme, p. 26

[3] Ibíd., p. 29

[4] Ibíd.

[5] Sartre, L’être et le néant, p. 613

[6] Tillich, The Courage to Be, p. 135

[7] Y sin embargo, decir sí a la vida. Un psicólogo vive/experimenta el campo de concentración

[8] The Unheard Cry for Meaning, p. 41

[9] “Introduction” (Charla en la Royal Society of Medicine, Londres, 15 de junio de 1954), The Doctor and the Soul, p. xix

[10] Frankl, “The Case for a Tragic Optimism” (Postcript 1984), en Man’s Search for Meaning, p. 137

[11] The Unheard Cry for Meaning, p. 19

[12] Frankl, TV interview, Toronto, 1972

[13] Ibíd. p. xvi

[14] Camus, Le mythe de Sisyphe, p. 17

[15] Ibíd., p. 20

[16] Ibíd., p. 18

[17] Ibíd., p. 91

[18] Ibíd., p. 92

[19] Citado en Fraijó, A vueltas con la religión, p. 100

[20] Woody Allen. Press conference You Will Meet A Tall Dark Stranger, Cannes, May 2010 (Part 1)

BIBLIOGRAFÍA & LINKS

Allen, Woody, Dir. Love and Death. 1975. DVD. MGM, 2001

Allen, Woody. Press conference You Will Meet A Tall Dark Stranger, Cannes, May 2010 (Part 1)

Camus, Albert. Le mythe de Sisyphe. France: Gallimard, 2011 (1942), pp. 17–187

Fraijó, Manuel. A vueltas con la religión. Estella: Verbo Divino, 2011 (2005), pp. 7–437

Frankl, Viktor E. … trotzdem Ja zum Leben sagen. Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager. München: Kösel, 2014 (2009), pp. 7–191

Frankl, Viktor E. Man’s Search for Meaning (trad. Ilse Lasch). Boston: Beacon, 2006, pp. ix–165

Frankl, Viktor E. The Doctor and the Soul. From Psychotherapy to Logotherapy (trad. Richard y Clara Winston). New York: Vintage Books, 1986, pp. ix–318

Frankl, Viktor E. The Unheard Cry for Meaning. New York: Touchstone, 1978, pp. 13–191

Frankl, Viktor E. TV interview, Toronto, 1972. THE WILL TO MEANING.

Sartre, Jean-Paul. L’être et le néant. Essai d’ontologie phénoménologique. France: Gallimard, 2010 (1943), pp. 11–676

Sartre, Jean-Paul. L’existentialisme est un humanisme. France: Gallimard, 2003 (1945), pp. 9– 109

Tillich, Paul. The Courage to Be. London: Nisbet, 1955 (1952), pp. vii–185

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2 Responses to Existencialismo y maestría en Irrational Man. La pregunta por el sentido

  1. Yally says:

    Great post. Good movie. Well, maybe great, but definitely good. Very good company. Thanks,
    Yally

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  2. David says:

    ¡Gran post Antonia!
    Desde el momento en que la estrenaron pensé que te encantaría. Yo aun no la he visto, y de hecho, llevo unos cuantos años mosqueado con Allen, del que vi todo hasta «Vicky, Cristina y Barcelona», donde creo que empezó a perder pie, a lanzar un puñado de bodrios importantes, excepción hecha de «Midnight in Paris» y «Blue Jasmine». Veremos si me reconcilio con esta que tan bien reseñas.

    Besos

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