Prácticas salvajes españolas

Siempre he desconfiado de la idea del progreso. Ortega escribe en Historia como sistema (1935 / 1941): “El progresismo que colocaba la verdad en un vago mañana ha sido el opio entontecedor de la humanidad”. La crisis de la razón anunciada por Adorno y Horkheimer sigue existiendo. “La religión de la razón, dice Mathiez, el apologeta de Robespierre, es tan intolerante como la antigua religión”, escribe Horkheimer en Traditionelle und Kritische Theorie (1937), dos años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. ¿Avanza la  sociedad? ¿El ser humano ha aprendido algo de la barbarie? En la Edad Media se torturaba de la forma más salvaje. Hoy, en pleno siglo XXI, hay 88 países que conservan aún la pena de muerte, maltratando en muchos casos física y psíquicamente a los presos (el caso de Abu-Jamal, denunciado por muchos intelectuales, incluido Derrida, es espeluznante: estuvo 30 años en el pasillo de la muerte –death row– esperando en cualquier momento su ejecución). Según Amnesty International, en el 2012, 21 países llevaron a cabo al menos 2.677 ejecuciones. En Surveiller et punir. Naissance de la prison (1975), Foucault describe el paso de la tortura del cuerpo a la tortura del alma. El Holocausto europeo y el Holocausto asiático, ocurridos hace menos de 75 años, mostraron a la humanidad de una forma inimaginable toda la crueldad, brutalidad, violencia, impiedad, atrocidad, perversidad y salvajismo de los que es capaz el ser humano (Daniel Jonah Goldhagen describe brillantemente la complicidad en la barbarie del ser humano común en Hitler´s willing executioners. Ordinary Germans and the Holocaust, un libro que, irónicamente, ha sido un bestseller en Alemania). La Segunda Guerra Mundial (con 72 millones de muertos, medio mundo arrasado y la desaparición de todos los valores morales) enseñó muy poco al ser humano. Después de 1945, por un lado, la democracia capitalista generaba injusticias sociales enormes, hambre, miseria, explotación, analfabetismo y prostitución infantil. Por otro lado, el comunismo, con sus horribles dictaduras, estrangulaba la libertad, imponía el terror y mandaba al exilio a millones de personas. El ideal fascista empezó muy pronto a renacer y generó golpes de estado en toda Latinoamérica, asentando dictaduras sangrientas, torturando, matando y partiendo familias y raíces para siempre. Las guerras y los conflictos siguieron: Vietnam, Bosnia, Ruanda, Irlanda del Norte, Israel-Palestina … los holocaustos se olvidaron y se buscaron a nuevos enemigos que justificaron, de nuevo, la barbarie y la atrocidad.

Hoy, sin embargo, no quisiera hablar de las guerras y conflictos entre enemigos ni del salvajismo de la humanidad, sino de las prácticas salvajes que aplican o mandan aplicar las madres y los padres a sus hijas y sus hijos, con amor, sexismo, tradición y religión.

La humanidad ha producido y produce muchas prácticas salvajes: el vendado de pies, práctica macabra que se aplicó a las niñas chinas de clase alta de entre 2 y 5 años hasta principios del siglo XX, que consistía en la rotura de los dedos de los pies y un vendaje que deformada los pies e impedía que éstos crecieran, convirtiendo a las víctimas (cuyos “pies de loto” eran considerados un símbolo de belleza y estatus) en discapacitadas; la circuncisión infantil de judíos (realizada a los 8 días de vida), musulmanes (realizada por lo general a los 5 años), y otros bebés recién nacidos, verdadero atentado contra la dignidad del bebé y los derechos humanos (no hay ninguna asociación de pediatría que recomiende la circuncisión rutinaria; según la OMS, el 30 % de los hombres está circuncidado, y sólo un 1 % lo está por razones médicas); la abominable extirpación del clítoris (y labios menores y mayores de la vagina), conocida como circuncisión o mutilación genital femenina, practicada hoy en día en 28 países africanos, en unos pocos países asiáticos, y en grupos de población inmigrante en Europa, Norteamérica y Oceanía (entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de esta salvajada, y se estima que alrededor de 2 millones de niñas y mujeres lo es y será cada año); y la conocida y chocante práctica de las mujeres suri y mursi en Etiopía llamada plato o disco labial, que deforma impresionantemente la cara y se realiza alrededor de los 15 y 18 años, justo antes de casarse.

Pero hoy tampoco quisiera hablar de las salvajadas practicadas por otros pueblos, religiones y culturas, sino de una crueldad disfrazada de tradición practicada aquí en España, permitida por la ley y apenas cuestionada: la perforación de las orejas en bebés recién nacidas y niñas. Muchos españoles consideran el vendado de pies, la circuncisión masculina y femenina, y el disco labial prácticas salvajes y primitivas, y con razón. Sin embargo, no dudan en perforar las orejas a sus hijitas recién nacidas, atentando contra la dignidad del bebé. La perforación de las orejas no deja de ser un abuso físico. Se maltrata al bebé para marcar una distinción sexual. Siguiendo la filosofía existencialista sartreana (L’être et le néant, 1943, L’existencialisme est un humanisme, 1945), el ser humano no posee naturaleza humana, sino una condición humana. El hombre empieza por no ser nada, y se define después. “L’existence précède l’essence” dirá Sartre explosivamente en L’existencialisme est un humanisme. El hombre no tiene naturaleza; la mujer, tampoco. No existe, por tanto, una naturaleza femenina, sino una condición femenina. En la primera y célebre frase del Capítulo I del Tomo II de Le deuxième sexe (1949), Simone de Beauvoir lanza un grito a la libertad: “On ne naît pas femme: on le devient”. La mujer, al igual que el hombre, no es, sino que deviene. ¿Por qué entonces hacer una distinción tan marcada del sexo nada más nacer? ¿Qué necesidad tan imperiosa hay de mostrar a los demás el sexo del recién nacido? Por otro lado, para los que no son sartreanos, yo pregunto: ¿es acaso una bebé vestida de azul y sin pendientes algo tan terrible? Se perfora y se hiere para afeminar a la recién nacida. Nadie en España perfora las orejas a sus hijos varones, aunque el padre lleve piercing.

Hasta hace muy poco, en España se ponían los pendientes a las bebés en el hospital; ahora los hospitales españoles no los ponen, así que los padres tienen la posibilidad de agujerear las orejas a sus hijas a los pocos días de vida, por tan sólo 12 €, en una farmacia. Aquí en España, los pediatras recomiendan esperar 2 meses para agujerear las orejas a las bebés. La American Academy of Pediatrics recomienda esperar hasta que la niña tenga al menos 2 años. Hay riesgo de infecciones, desgarro y tragado accidental. Los padres creen ingenuamente que a sus hijas no les duele la perforación. Claro que les duele. Son personas, no cosas. Desgraciadamente, aquí en España la perforación de las orejas en recién nacidas y niñas es una práctica sistemática. Mi hija Yael (de 7 años) es, creo yo, la única niña de su colegio que no tiene agujeros en las orejas. Mi hija Dalit (de 5 meses), por supuesto, tampoco tiene. Cuando ellas sean grandes, podrán hacerse mil piercing si así lo desean. Pero ésa será su decisión, una decisión de adulta tomada con conciencia y libertad.

Yo me pregunto: ¿qué padre sería tan salvaje de ponerle un piercing en la lengua, la nariz o los pechos a su bebé recién nacido? ¿No sería monstruoso? No es tradición, por eso se ve monstruoso. Agujerear las orejas a las bebés y niñas es una monstruosidad disfrazada de tradición. Este salvajismo ni se cuestiona, porque la sociedad española sigue siendo una sociedad sexista y atrasada, que funciona por inercia y tradición.

El piercing es una violación a la libertad del bebé. Hay quien argumenta que el bebé tampoco decide si quiere bañarse o vacunarse. Es verdad. Pero bañarse es necesario y vacunarse tiene sus ventajas (aunque también sea hoy un tema de controversia). El dolor del pinchazo de la vacuna es necesario para evitar enfermedades severas. El dolor del piercing es un dolor innecesario, puesto que llevar pendientes no es más sano para el bebé (al contrario) ni lo protege contra ninguna enfermedad; corresponde sólo a un deseo de los padres: un deseo de “adornar” al bebé, como si el bebé fuera un florero. ¿Por qué no, entonces, acompañar los pendientes con un tatuaje en el brazo? Hay quien dice: “Mi hijo es mío, hago lo que quiero y no es asunto tuyo”. En parte es verdad. Pero sólo en parte. Siempre y cuando no se hiera al bebé, es asunto de los padres. Cuando hay abuso y dolor innecesario, es asunto de todos. Agujerear las orejas a las bebés y niñas es un abuso y una crueldad.

Pongamos fin a las prácticas salvajes. El bebé es un ser humano, no un peluche ni una barbie… No atentemos contra su cuerpecito.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 20 de diciembre, 2013.

A modo de ilustración y con bebés más creciditos (Enjoy!):

http://www.youtube.com/watch?v=bx36uoOcT3g

http://www.youtube.com/watch?v=veuZ7nBfN48

http://www.youtube.com/watch?v=N4UeOyTnPxI

About Antonia Tejeda Barros

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2 Responses to Prácticas salvajes españolas

  1. Muchas gracias, David, por tu interesante comentario, tan completo como siempre.
    Sigo con El dilema de Neo…
    Un beso,
    Antonia

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  2. David Cerdá says:

    Querida Antonia
    Escribes como los ángeles, as usual. No me gusta, como a ti, ningún tipo de “marcado”, sea en los lóbulos de las orejas o cualquier otra parte. Y, naturalmente, no creo que la tradición justifique nada. Creo que el hecho de que algo se practique hace mucho no le añade valor alguno. Toda práctica ha de valorarse en sus justos términos, y siempre en relación a lo que aporte a la justicia y la felicidad. Supongo que Yael y Dalit tendrán que acostumbrarse desde muy pronto a ser diferentes. En cualquier caso, ser diferente, no seguir a la manada, desafiar las convenciones y trazar el propio camino, todo eso da réditos desde el minuto uno. Muchos dirán que es complicarse la vida; pero ignoran que ésta siempre se complica, de modo que lo sabio es elegir uno mismo, hasta donde se pueda, cómo.
    Y no, los niños no son nuestros. Los tenemos prestados, si acaso, lo cual invita a ser aún más responsables con lo que de suyo no nos pertenece.
    ¡Sigue escribiéndonos, por favor :D!
    Abrazos

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