Hume: ¿una puerta hacia el ateísmo?

“The errors in religion are dangerous; those in philosophy only ridiculous.” (Hume, A Treatise of Human Nature, 1739).

“The life of a man is of no greater importance to the universe than that of an oyster.” (Hume, “Of Suicide”, 1777).

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(Caricatura de Hume por Gary Brown, 1996)

David Hume (1711–1776) es para muchos el mayor filósofo británico, y para muchos otros, el mayor filósofo de la Ilustración. Ayer empieza su brillante Hume. A Very Short Introduction con las siguientes palabras: “David Hume, to my mind the greatest of all British philosophers, was born at Edinburgh[1].

Russell, en su genial y amena History of Western Philosophy escribe: “Hume … is one of the most important among philosophers (…) He represents, in a certain sense, a dead end: in his direction, it is impossible to go further[2]. Refutar el escepticismo de Hume ha sido, desde los tiempos de Hume, el pasatiempo favorito de físicos y filósofos, afirma Russell.

Savater escribe en La aventura de pensar: “El siglo XVIII fue el de la Ilustración, el llamado Siglo de las Luces. Cuando hablamos de este período, solemos centrarnos en Francia, con las grandes figuras de la Enciclopedia, como … Voltaire o Rousseau. Pero quizá la personalidad más destacada y notable de ese momento no fue un filósofo francés sino uno escocés (…) Hume [fue] quizá el más trascendente de todos los pensadores de habla inglesa y tal vez también el que descolló más del resto de los filósofos de su época (…) Su obra va mucho más allá que la de cualquier otro pensador del siglo XVIII. Pensemos en figuras con fama de impías y anticlericales como Voltaire, que … creía en un Dios organizador del mundo, precisamente lo que descarta y desmonta Hume en sus Diálogos sobre la religión natural[3].

Isaiah Berlin tiene un capítulo dedicado a Hume en The Age of Enlightenment. The Eighteenth Century Philosophers. Según Berlin la obra de Hume es clara pero controvertida: “Hume’s philosophical writings need very little interpretation. He is, with the possible exception of Berkeley, the clearest philosophical writer in an age of exceptional clarity, and he may claim to be the greatest and most revolutionary … of British philosophers.” Y añade su famosa frase sobre Hume: “No man has influenced the history of philosophical thought to a deeper and more disturbing degree[4].

Según W. B. Huntley[5], Darwin leyó varias veces en su vida varias obras de Hume: “Darwin had read from the works of David Hume a number of times in the course of his life (…) Hume’s contributions to the intellectual world of the late eighteen and early nineteenth century were well-known[6].

¿Dónde se halla la genialidad de Hume? En mi opinión, en cuestionar los poderes de la razón ilustrada, alzar las pasiones, cuestionar el conocimiento, criticar la religión, dudar de la inmortalidad del alma, y abrazar, humildemente, la duda: “Hume’s philosophy … represents the bankruptcy of eighteen-century reasonableness (…) he arrives at the disastrous conclusion that from experience and observation nothing is to be learnt (…) We cannot help believing, but no belief can be grounded in reason[7].

Hume confiesa en A Treatise of Human Nature haber desmontado los sistemas de metafísicos, lógicos, matemáticos y teólogos: “I have expos’d myself to the enmity of all metaphysicians, logicians, mathematicians, and even theologians; and can I wonder at the insults I must suffer? I have declar’d my dis-approbation of their systems (…) When I looks abroad, I foresee on every side, dispute, contradiction, anger, calumny and detraction. When I turn my eye inward, I find nothing but doubt and ignorance[8].

Este pequeño ensayo consta de dos partes. En la primera parte expongo en breve la obra de Hume (con unas pinceladas sobre su vida), enfatizando sus ideas más importantes: su teoría de las ideas y su escepticismo que, inevitablemente, moldearán su visión sobre Dios y la religión. En la segunda parte me centro en siete obras de Hume donde expone su visión sobre Dios, la religión y la inmortalidad del alma, analizando su posible evolución de pensamiento y sus críticas, y mostrando finalmente que su filosofía, aun siendo escéptica, supone una puerta hacia el ateísmo.

Parte I

Unas pinceladas sobre la obra y vida de Hume

Hume provenía de una familia adinerada y culta. Su padre, apellidado Home (Hume cambió en 1734 la escritura de su apellido, acorde a su pronunciación) era abogado y murió cuando Hume tenía 2 años. La madre de Hume era calvinista y les dio a sus tres hijos una educación religiosa. Hume rechazó el calvinismo y cualquier forma de cristianismo cuando fue adolescente.

Locke y Berkeley influyeron profundamente en Hume. Hume completó un movimiento ideado por Locke y Berkeley: el único conocimiento válido proviene de la experiencia.

De 1734 a 1737 Hume escribió en Francia A Treatise of Human Nature: Being an Attemp to Introduce the Experimenatl Method of Reasoning into Moral Subjects. El magnífico libro fue publicado anónimamente en 1739 (“Book I. Of the Understanding”; “Book II. Of the Passions”) y 1940 (“Book III. Of Morals”). Según Hume, la naturaleza humana es la única ciencia del hombre y, hasta ahora, escribe, ha sido la más descuidada. En la Conclusión de “Of the Understanding”, Hume escribe: “For my part, my only hope is, that I may contribute a little to the advancement of knowledge[9].

Hume hace un análisis magistral de las percepciones. Las percepciones se dividen en impresiones (las cuales incluyen sensaciones, pasiones y emociones) e ideas. Las percepciones pueden ser simples y compuestas: “All the perceptions of human mind resolve themselves into two distinct kinds, which I shall call IMPRESSIONS and IDEAS (…) Those perceptions, which enter with most force and violence, we may name impressions; and under this name I comprehend all our sensations, passions and emotions, as they make their first appearance in the soul. By ideas I mean the faint images of these thinking and reasoning (…) Every one of himself will readily perceive the difference betwixt feeling and thinking (…) There is another division of our perceptions … and which extends itself both to our impressions and ideas. This division is into SIMPLE and COMPLEX. Simple perceptions or impressions and ideas are such as admit of no distinction nor separation. The complexed are the contrary to these, and may be distinguished into parts (…) Every simple idea has a simple impression, which resembles it; and every simple impression a correspondent idea. That idea of red, which we form in the dark, and that impression, which strikes our eye in sun-shine, differ only in degree, not in nature (…) Many of our complex ideas never had impressions, that corresponded to them, and … many of our complex impressions never are exactly copied in ideas. I can imagine to myself such a city as the New Jerusalem whose pavement is gold and walls are rubies, tho’ I never saw any such[10].

Según Hume, el hombre crea ideas para las cuales no existen impresiones, como son la idea de causa y efecto, espacio y tiempo, sustancia y Dios. Hume desmonta la idea de causalidad. La necesidad de una causa es, según Hume, errónea, engañosa y sofística. Es un mito. La necesidad, según Hume, existe en la mente, no en los objetos. Hume también rechaza el principio de la inducción: “Por el hecho de que observemos un cisne blanco … o mil cisnes blancos, no podemos concluir … que todas estas aves son blancas (…) Este análisis de Hume desemboca en un escepticismo radical”[11].

Referente a la existencia de Dios, Hume escribe en A Treatise of Human Nature: “when we affirm, that God is existent, we simply form the idea of such a being, as he is represented to us; nor is the existence, which we attribute to him, conceiv’d by a particular idea[12].

No hay tampoco ninguna impresión de la idea del “Yo” (“Self): “This repudiation of the idea of the Self is of great importance[13], escribe Russell. Hume no dice que no existimos, sino que no podemos saber si existimos y que el “Yo” no puede formar parte de nuestro conocimiento. Esto parece diluir el concepto de substancia y el concepto de alma: “This conclusion is important in metaphysics, as getting rid of the last surviving use of ‘substance’. It is important in theology, as abolishing all supposed knowledge of the ‘soul[14].

Según Hume, las únicas ciencias perfectas son el álgebra y la aritmética. Sólo podemos decir que existe lo que se puede probar, comprobar y verificar. Tanto la causalidad, como la sustancia como el propio yo son sólo creencias, puesto que no pueden verificarse: “Las únicas certezas … son … las que derivan de la descripcióm de mis impresiones y su relación con mis ideas, y … las que se manifiestan en … las matemáticas”[15]. Este aplastante escepticismo abrazará inevitablemente la idea del conocimiento de Dios.

Al contrario del genial Sartre (uno de mis filósofos preferidos), quien condena las pasiones y todo acto no racional como una excusa frente a la responsabilidad que tiene el ser humano de escoger continuamente (las excusas son “mauvaise foi”, L’être et le néant, y L’existencialisme est un humanisme), para Hume la razón es esclava de las pasiones, y no puede ser nunca el motivo de ninguna acción. Las acciones, según Hume, no pueden ser razonables: “Morals excite passions, and produce or prevent actions. Reason of itself is utterly impotent in this particular. The rules of morality, therefore, are not conclusions of our reason (…) reason … cannot be the source of moral good and evil (…) Actions may be laudable or blameable, but they cannot be reasonable (…) Moral distinctions … are not the offspring of reason[16].

Según Hume, la simpatía por otras personas es un instinto natural, al contrario de Freud, para quien la agresividad es una disposición instintiva innata y autónoma, y el mayor obstáculo de la cultura: “el natural instinto humano de agresión, la hostilidad de uno contra todos y de todos contra uno, se opone a este designio de cultura”[17]. Según Freud, un amor que no discrimina pierde su valor y, además, no todos los seres humanos merecen ser amados. El prójimo no debería recibir nuestro amor, sino más bien nuestro odio, a no ser que nos demuestre respeto: “Este ser extraño no sólo es en general indigno de amor, sino que -para confesarlo sinceramente- merece mucho más mi hostilidad y aun mi odio. No parece alimentar el mínimo amor por mi persona (…) Siempre que le sea de alguna utilidad, no vacilará en perjudicarme”[18].

En 1740 Hume publicó un panfleto anónimo sobre A Treatise of Human Nature, con la intención de aclarar algunas de sus ideas. El panfleto se tituló An abstract of a Book lately Published; entituled A Treatise of Human Nature, &c. wherein the Chief Argument of that Book is farther illustrated and explained. En 1751, Hume escribe en una carta que se arrepiente de haber publicado A Treatise of Human Nature, ya que entonces era muy joven: “I was carry’d away by the Heat of Youth & Invention to publish [the Treatise] too precipitately (…) compos’d before twenty five, must necessarily be very defective. I have repented my Haste a hundred, & a hundred times[19]. En My Own Life, una autobiografía de 6 páginas que fue publicada póstumamente en 1777, Hume escribe: “Never literary attempt was more unfortunate than my Treatise of Human Nature. It fell dead-born from the press, without reaching such distinction, as even to excite a murmur among the zealots[20].

Sus Essays, Moral and Political fueron publicados anónimamente en 1741 (Volumen I), 1742 (Volumen II), 1758 (dentro del compendio de obras titulado Essays and Treatises on several Subjects, esta vez firmando su nombre) y póstumamente en 1777 (titulado Essays and Treatises on several Subjects in Two Volumes). Siendo todos ellos exquisitos, son especialmente interesantes los ensayos siguientes: del Volumen I: “Essay II. Of the Liberty of the Press”; “Essay IV. That Politics may be reduced to Science”; “Essay VI. Of Love and Marriage”; “Essay XII. Of Superstition and Enthusiasm”; y del Volumen II: “Essay III. Of Moral Prejudices”; “Essay V. Of the Rise and Progress of the Arts and Sciences”; “Essay VI. The Epicurean”; “Essay VII. The Stoic”; “Essay VIII. The Platonist”; “Essay IX. The Sceptic”; “Essay X. Of Polygamy and Divorces”.

En 1745 fue publicada anónimamente A Letter from a Gentleman to his Friend in Edinburgh. El título sigue: Containing some Observations on A Specimen of the Principles concerning Religion and Morality, said to be maintain’d in a Book lately publish’d, intituled, A Treatise of Human Nature, &c. Hume se defiende de las siguientes acusaciones: “1. Universal Scepticism (…) where he doubts of every Thing (his own Existence excepted) and maintains the Folly of pretending to believe any Thing with Certainty. 2. Principles leading to downright Atheism, by denying the Doctrine of Causes and Effects (…) where he maintains, that the Necessity of a Cause to every Beginning of Existence is not founded on any Arguments demonstrative or intuitive. 3. Errors concerning the very Being and Existence of a God (…) 4. Errors concerning God’s being the first Cause, and prime Mover of the Universe: For as to this Principle, That the Deity first created Matter, and gave it its original Impulse, and likewise supports its Existence, he says, “This Opinion is certainly very curious, but it will appear superfluous to examine it in this Place (…) 5. He is chargeable with denying the Immateriality of the Soul, and the Consequences flowing from this Denial (…) 6. With sapping the Foundations of Morality, by denying the natural and essential Difference betwixt Right and Wrong, Good and Evil, Justice and Injustice; making the Difference only artificial, and to arise from human Conventions and Compacts[21].

An Enquiry concerning Human Understanding (titulado en el momento de su publicación Philosophical Essays concerning Human Understanding) fue publicado en 1748 anónimamente, aunque bajo el título se lee: “By the Author of the Essays Moral and Political“. Aunque la obra se base en A Treatise of Human Nature, contiene varias aclaraciones y el famoso capítulo dedicado a los milagros (“Of Miracles“), en el que Hume critica y rechaza el concepto de milagro. Según Russell, Enquiry concerning Human Understanding fue la obra que despertó a Kant de su “sueño dogmático”. Ayer afirma que Enquiry concerning Human Understanding es mucho mejor que A Treatise of Human Nature: “The Enquiry is, indeed, a much better written work than the Treatise (…) It includes a chapter “Of Miracles”, which Hume has omitted from the Treatise out of prudence. The central argument of this chapter ‘That no testimony is sufficient to establish a miracle, unless the testimony be of such a kind that its falsehood would be more miraculous than the fact …’ … procured Hume more fame among his contemporaries than anything else in his purely philosophical work[22].

An Enquiry concerning the Principles of Morals fue publicado en 1751, firmado por Hume (en adelante Hume firmará sus obras), y sus Political Discourses, en 1752. Hume afirma que la moral no se basa en la razón, sino en la simpatía y el interés. “No se trata … de una ética esencialista, que nace de principios racionales absolutos”, aclara Savater, “sino de una ética convencionalista, que parte de cualidades agradables a todos”[23].

Los 6 volúmenes de su brillante Historia de Inglaterra, titulada History fueron publicados en 1754, 1756, 1759 y 1762. La obra fue tan exitosa que en vida y hasta el siglo XIX, Hume fue considerado, más que un gran filósofo, un gran historiador. En History, Hume lanza un duro ataque contra la religión, y menciona las atrocidades cometidas en nombre de Dios. López Sastre apunta: “al tratar de la rebelión irlandesa de 1641 contra los ingleses, Hume destacará las crueldades y los asesinatos cometidos por los irlandeses en el Ulster, y comentará: ‘En medio de todas estas barbaridades resonaba por todas partes el sagrado nombre de la religión; no para detener las manos de los asesinos, sino para conferir fuerza a sus golpes y endurecer sus corazones contra todo movimiento de una simpatía social o humana. Los sacerdotes señalaron que los ingleses, en tanto que herejes … debían ser exterminados'”[24].

Los magníficos ensayos “Of the Immortality of the Soul” y “Of Suicide” fueron originalmente escritos para ser publicados en 1755 en una obra titulada Five Dissertations, pero los dos ensayos fueron sustituidos por “Of the Standard of Taste”. La obra finalmente se publicó en 1757 bajo el título Four Dissertations, con autoría de Hume, e incluyó los siguientes ensayos: “I. The Natural History of Religion”; “II. Of the Passions”; “III. Of Tragedy”; “IV. Of the Standard of Taste”. “Of the Immortality of the Soul” y “Of Suicide” fueron publicados sólo póstumamente (y anónimamente) en 1777.

“The Natural History of Religion” es especialmente interesante. Savater escribe: “Hume escribió en 1757 una Historia natural de la religión y la analizó como si fuera cualquier otro fenómeno, algo que nace en la sociedad y que va desarrollándose sin ningún tipo de ayuda sobrenatural, sino … como una forma de pensar que evoluciona con la historia humana”[25]. Hume escribió en “My Own Life”: “I published … my Natural History of Religion, along with some other small pieces; its public entry was rather obscure, except only that Dr. Hurd wrote a pamphlet against it (…) This pamphlet gave me some consolation for the otherwise indifference reception of my performance[26].

En 1761, la Iglesia Católica, siguiendo su característico odio por todo lo intelectual que haga tambalear las doctrinas cristianas, y apoyándose en su poder, inflexibilidad y dureza, puso toda la obra de Hume en el Index Librorum Prohibitorum. El Index prohibió más de 5.000 magníficos libros de filósofos, escritores y científicos desde 1559, bajo el papa Pablo IV, hasta 1966, año en el que el papa Pablo VI abolió el Index. Algunos de los otros genios cuyas obras también se encontraron en el Index fueron: Copernicus (De revolutionibus orbium coelestium), Montaigne (Essais), Hobbes (opera omnia –toda su obra–), Descartes (opera omnia en 1663, 7 obras en 1948), Spinoza (Tractatus Theologico – politicus y Opera Posthuma, que incluye Tractatus de intellectus emendatione, Ethica Ordine Geometrico Demostrata, Tractatus Politicus, Epistolae y Compendium grammaticae linguae Hebreae); Locke (Extrait d’un livre anglois, An Essay concerning Human Understanding y The Reasonableness of Christianity as delivered in the Scriptures), Voltaire (opera omnia), Rousseau (Emile, ou de l’éducation; Du contract social, ou principes du droit politique; Julie, ou la nouvelle Héloïse; y otros escritos y cartas), Kant (Kritik der reinen Vernunft), Balzac (opera omnia), Victor Hugo (Notre-Dame de Paris y Les misérables), Mill (Principles of Political Economy with some of their Applications to Social Philosophy), Larousse (Gran Dictionnaire Universel du XIXe siècle), Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida y La agonía del cristianismo), Sartre (opera omnia) y Simone de Beauvoir (Le deuxième sexe y Les mandarins).

En 1763 Hume viajó a París y entabló amistad con los encyclopédistes Diderot y d’Alembert y con el genial d’Holbach, probablemente el primer ateo (inequívocamente ateo) de Occidente. “D’Holbach is probably the first unequivocally professed atheist in the Western tradition[27], afirma Thrower. Según d’Holbach, la Naturaleza o el Universo, completamente ajenos a cualquier asociación religiosa, consisten sólo en materia y movimiento. Se cuenta que Hume estaba cenando en casa de d’Holbach y dijo que nunca había conocido a un ateo; d’Holbach le respondió que, de los invitados presentes, 15 eran ateos y 3 aún no habían decidido si serlo o no. Hume fue también amigo de Rousseau, pero luego se enemistaron.

Su genial obra Dialogues concerning Natural Religion fue publicada póstumamente en 1779, con su nombre. Está escrita en forma de diálogo y debate entre tres personajes (el dogmático Demea, el deísta Cleanthes y el escéptico Philo), a la manera de Platón, y es entretenida, profunda e interesante. Savater escribe, refiriéndose a Dialogues concerning Natural Religion: “quizá una de las obras más perfectas sobre el tema, ya que cuestiona … la argumentación que hace a Dios necesario para producir el mundo, crearlo y darle un fin”[28]. Isaiah Berlin dijo que Dialogues concerning Natural Religion era tal vez la obra más extraordinaria sobre religión natural jamás escrita[29]. Hume refuta aquí dos principios básicos del teísmo: la idea de causalidad y el argumento del diseño. Thrower afirma que la obra cumbre sobre religión de Hume es Dialogues concerning Natural Religion: “His writings on religion are numerous, but come to mature expression in his Dialogues concerning Natural Religion”[30]. En 1775, Hume, sabiendo que iba a morir, se dedicó a acabar Dialogues concerning Natural Religion, obra que había empezado a escribir 25 años antes.

Hume tuvo en vida fama de escéptico y de ateo, y se le negó una cátedra en la Universidad de Edimburgo.

Savater escribe que Hume fue moderado por “razones obvias”. Ser ateo en el s. XVIII significaba la muerte y el abandono, pero, ¿acaso ser agnóstico, no? Por mucho que la idea de que Hume hubiera abrazado abiertamente el ateísmo de no ser por la horrible censura de la época sea tentadora, en mi opinión no creo que esta afirmación sea acertada. Hume evolucionó en su pensamiento y cuestionó la idea de Dios, de la inmortalidad del alma, atacó los dogmas cristianos, habló de fanatismo y la superstición, y defendió el suidicio; pero nunca afirmó que Dios no existe, simplemente porque tal afirmación iba en contra de su teoría del conocimiento y de toda su filosofía. En cuanto a la censura y opresión de la Iglesia, Hume anduvo con cautela y casi todos sus escritos que hablan explícitamente sobre religión fueron publicados anónima o póstumamente: de los siete escritos que hablan explícitamente sobre religión, sólo dos fueron publicados en vida de Hume y con su nombre (“Of Superstition and Enthusiasm”, que fue primero publicado anónimamente pero luego con el nombre de Hume, y “The Natural History of Religion”); otros dos fueron publicados en vida y anónimamente (A Treatise of Human Nature y An Enquiry concerning Human Understanding) y los otros tres fueron publicados sólo póstumamente: dos anónimamente (“Of the Immortality of the Soul” y “Of Miracles”) y uno con su nombre (Dialogues concerning Natural Religion).

En una carta a Henry Home, fechada el 2 de diciembre de 1737, Hume incluye algunos pasajes que hablan de la religión que él mismo ha decidido omitir, para no causar grandes ofensas. Reconoce que esto es un acto cobarde y le pide a Home que, después de leerlos, los queme: “I … enclose some Reasonings concerning Miracles, which I once thought of publishing with the rest, but which I am afraid will give too much Offence (…) I beg of you to show it to no Body … & let me know … that you have receiv’d it, read it, & burnt it (…) I am at present castrating my Work, that is, cutting off its noble Parts, that is, endeavouring it shall give as little Offence as possible (…) This is a Piece of Cowardice, for which I blame myself[31].

En 1775 Hume fue diagnosticado con una enfermedad intestinal terminal, y se cuenta que organizó entonces una gran cena e invitó a todos sus amigos para despedirse. Sabiendo que iba a morir, escribió “My Own Life”. Adam Smith escribió en su obituario: “I have always considered him, both in his life-time, and since his death, as approaching as nearly to the idea of a perfectly wise and virtuous man, as perhaps the nature of human frailty will admit“.

La filosofía de Hume es escéptica. Este escepticismo es crucial para entender su visión sobre Dios y la religión. Hume escribe en A Treatise of Human Nature: “In all the incidents of life we ought still to preserve our scepticism[32].

En An Enquiry concerning Human Understanding, Hume distingue dos tipos de escepticismo: el pirronismo, o escepticismo excesivo, y la filosofía académica o la duda corregida por el sentido común y la reflexión: “What is meant by a sceptic? … how far it is possible to push these philosophical principles of doubt and uncertainly? (…) this species of scepticism, when more moderate, may be understood in a very reasonable sense and is a necessary preparative to the study of philosophy, by preserving a proper impartiality in our judgments, and weaning our mind from all those prejudices, which we nay have imbided from education or rash opinion[33].

En A Letter from a Gentleman to his friend in Edinburgh, Hume se “defiende” de varias acusaciones, entre ellas, del escepticismo universal, y escribe que el resultado del escepticismo es la modestia y la humildad, y no la duda absoluta: Modesty then, and Humility, with regard to the Operations of our natural Faculties, is the result of Scepticism; not an universal doubt, which it is impossible for any Man to support[34].

Según Hume, la filosofía se ocupa de la vida ordinaria, y no puede ir más allá de esta vida. Spinoza ya dijo en Ethica Ordine Geometrico Demostrata: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”[35]. Y Savater escribió en Ética para Amador: “¿Cómo vivir del mejor modo posible? Esta pregunta me resulta mucho más sustanciosa que otras … más tremendas: “¿Tiene sentido la vida? ¿Merece la pena vivir? ¿Hay vida después de la muerte?” Mira, la vida tiene sentido y tiene sentido único; va hacia delante (…) no se repiten las jugadas ni suelen poder corregirse. Por eso hay que reflexionar sobre lo que uno quiere y fijarse en lo que hace. Después … guardar siempre el ánimo ante los fallos. ¿El sentido de la vida? Primero, procurar no fallar; luego, procurar fallar sin desfallecer (…) Lo que me interesa no es si hay vida “después” de la muerte, sino que haya vida “antes”. Y que esa vida sea buena, no simple supervivencia o miedo constante a morir (…) Porque vivir no es una ciencia exacta, como las matemáticas, sino un “arte” como la música”[36].

En su ensayo “The Sceptic” (Essays, Moral and Political, 1742), Hume escribe que no hay nada que sea en sí valioso o despreciable, deseable u odioso, bonito o deformado, sino que son nuestros sentimientos y afectos los que confieren estas cualidades a los objetos: “there is nothing, in itself, valuable or despicable, desirable or hateful, beautiful or deformed; but that these atributes arise from the particular constitution and fabric of human sentiment and affection. What seems the most delicious food to one animal, appears loathsome to another[37].

En Dialogues concerning Natural Religion, Pamphilus –un personaje que sólo sale brevemente al principio y al final de la obra–, dice que la naturaleza de Dios ha sido siempre motivo de debate entre los hombres, y que el resultado siempre ha sido la duda, la incertidumbre y la contradicción. Según Philo, no podemos responder a las preguntas de la teología. Cuando hablamos de moral, política o crítica, usamos el sentido común y la experiencia. Pero con la teología los objetos se nos escapan. Lo más inteligente y cuerdo es abstenerse de pronunciar cualquier juicio: “in theological reasonings, we have not this advantage; while at the same time we are employed upon objects which, we must be sensible, are too large to grasp (…) The mind must remain in suspense … and it is that very suspense or balance which is the triumph of scepticism[38].

Hume consideraba más importante dudar que creer: “Unlike most men, who are more prone to believe than to doubt, Hume, a sceptic by temperament, found it more congenial to doubt than to believe (…) Nevertheless, it will not do to describe Hume’s philosophy simply as sceptical or agnostic (…) Hume’s scepticism was ‘creative scepticism’[39].

El escepticismo es una postura muy noble e inteligente. El genial Woody Allen escribe en Getting Even: Can we actually “know” the universe? My God, it’s hard enough to find your way around in Chinatown[40]. Estas palabras describen a la perfección esa visión escéptica de la vida que, al fin y al cabo, todos sentimos o hemos sentido alguna vez.

Las famosas palabras finales de An Enquiry concerning Human Understanding son una defensa del escepticismo y una crítica a la metafísica y la religión: “When we run over libraries … what havoc must we make? If we take in our hands any volume; of divinity or school metaphysics, for instance; let us ask, Does it contain any abstract reasoning concerning quantity or number? No. Does it contain any experimental reasoning concerning matter of fact and existence? No. Commit it then to the flames. For it can contain nothing but sophistry and illusion[41].

Parte II

(1) + 7 puntos en común con el pensamiento ateo

El brillante escepticismo de Hume lo lleva a abrazar el agnosticismo. La postura de Hume referente a la existencia de Dios es agnóstica, y no atea. Aun así, hay filósofos que han calificado a Hume de ateo, como Isaiah Berlin, quien escribe: “In 1776 [Hume] died, as he lived, an atheist[42]. En mi opinión, Hume no fue ateo, sino agnóstico. Pero, aun habiendo abrazado el agnosticismo y no el ateísmo, su filosofía ¿representa una puerta hacia el ateísmo?

Para responder a esta pregunta, me centraré en A Treatise of Human Nature (sobre todo en los libros I y II), en Dialogues Concerning Natural Religion, en el capítulo “On Miracles” y en los ensayos “The Natural History of Religion”, “Of Superstition and Enthusiasm”, “Of the Immortality of the Soul” y “Of Suicide”.

Baggini, en su interesante librito Atheism. A very Short Introduction, define el ateísmo como la creencia de que ni Dios ni los dioses existen: “Atheism is in fact extremely simple to define: it is the belief that there is no God or gods[43]. Sin compartir lo esencial con el pensamiento ateo (la creencia de que Dios no existe) la filosofía de Hume comparte con el pensamiento ateo varios puntos importantísimos. Estos puntos que la filosofía de Hume tiene en común con el pensamiento ateo suponen, en mi opinión, una puerta hacia el ateísmo. A lo largo de la obra de Hume, pero especialmente en las siete obras antes mencionadas, encontramos los siguientes puntos que, en mayor o menor grado, compartirán luego también muchos filósofos ateos. De los ocho puntos, el primer punto supone el punto de partida de Hume: la creencia en una religión natural basada en la razón y una defensa del argumento del diseño que, evidentemente, no comparte el pensamiento ateo. Los otros siete puntos pueden considerarse cruciales para el desarrollo posterior del pensamiento ateo.

  1. ¿Hume defiende la existencia de una deidad?

Hume parece afirmar muchas veces la existencia de una deidad, una postura propia del siglo XVII y XVIII que apoya la llamada “religión natural” o “religión racional”. La religión natural se basa en la razón (no en una fe ciega) y en la naturaleza, y es la religión defendida por los deístas. El deísmo defiende la existencia de un ser supremo que ha diseñado el mundo pero que se mantiene alejado del mundo y de los seres humanos.

Hume, a excepción de Dialogues concerning Natural Religion, defenderá en todas sus obras el argumento del diseño: “In order to govern the material world, the almighty Creator has established general and immutable laws, by which all bodies, from the greatest planet to the smallest particle of matter, are maintained in their proper sphere and function. To govern the animal world, he has endowed all living creatures with bodily and mental powers; with senses, passions appetites, memory and judgment[44].

A lo largo de la obra de Hume, encontramos muchas veces críticas a la “religión falsa” (“false religion). ¿Cuál sería, pues, la religión verdadera? Una religión basada en la razón (la religión natural), una especie de deísmo que luego evolucionará en un fuerte y claro escepticismo y agnosticismo: “One considerable advantage that arises from Philosophy, consists in the sovereign antidote which it affords to superstition and false religion[45]. El hombre le tiene terror a la muerte. Y este terror es lo que hace que el hombre abrace la superstición y la falsa religión: “So great is our horror of death, that when it presents itself, under any form … it acquires new terrors and overcomes his feeble courage: But when the menaces of superstition are joined to this natural timidity, no wonder it quite deprives men of all power over their lives; since even many pleasures and enjoyments … are torn from us by this inhuman tyrant[46].

A pesar de que Hume enfatiza que nunca nos será posible llegar a conocer la naturaleza de la deidad, puesto que tales conocimientos están fuera de nuestro alcance, Hume menciona un ser supremo. Hume usa diferentes nombres para referirse a Dios: God, the Deity, the almighty, the Creator, the infinite being. Todo tiene una causa, y la causa primera es necesariamente Dios.

Si Hume no hubiera escrito Dialogues concerning Natural Religion sería posiblemente considerado hoy un filósofo deísta. Los deístas, aunque critican la fe ciega y la superstición, no son ateos. Voltaire fue deísta al 100 %. Hume, en A Letter from a Gentleman to his friend in Edinburgh, defiende claramente el argumento del diseño: “Wherever I see Order, I infer from Experience that there, there hath been Design and Contrivance. And the same Principle which leads me into this Inference, when I contemplate a Building, regular and beautiful in its Frame and Structure; the same Principle obliges me to infer and infinit perfect Architect, from the infinite Art and Contrivance which is display’d in the whole Fabrick of the Universe[47].

En “Of Suicide”, Hume describe a una deidad que no parece estar alejada del todo de los seres humanos. El Dios de Hume no castiga ni premia, pero todo lo que ocurre está de alguna manera supervisado por Dios: “All the events, in one sense, may be pronounced the action of the almighty (…) Every event is alike important in the eyes of that infinite being, who takes in at glance the most distant regions of space and remotest periods of time[48].

Se ha sugerido, sin embargo, que esta postura deista inicial de Hume podría ser una ironía[49]. Hume habría batallado contra todas las creencias religiosas: “the discrediting not only of the more superstitious types of theism but of any form of religious belief was one of the principal aims of Hume’s philosophy[50].

En mi opinión, la creencia en la existencia de una deidad y la defensa del argumento del diseño no son irónicos, sino más bien el principio de una evolución que empieza con una postura cercana al deísmo, con pinceladas de escepticismo sobre la naturaleza de esta supuesta deidad, y termina con una postura completamente escéptica y agnóstica.

Hume apoya la existencia de una deidad, y apoya también el suicidio. Si Dios ordena nuestra vida y nuestra muerte, también debe de ordenar nuestro suicidio: “When I fall upon my sword … I receive my death equally from the lands of the Deity as if it had proceeded from a lion, a precipice, or a fever (…) Providence guided all these causes, and nothing happens in the universe without its consent and co-operation. If so, then neither does my death, however voluntary, happen without its consent[51]. Y, defendiendo el suicidio, concluye con una magnífica nota a pie de página hablando de Plinio (probablemente Plinio el Viejo –23 aC a 79 aC–), quien escribió que el poder del suicidio es una ventaja que los hombres poseen incluso sobre Dios, quien no puede, aunque quisiera, suicidarse: “The power of committing suicide is regarded by Pliny as an advantage which men possess even above the deity himself. God cannot even if he wishes to commit suicide[52].

En algunas obras, Hume toma una postura crítica en contra de los ateos. En An Enquiry concerning Human Understanding, Hume critica las falacias de los ateos: “There is not a greater number of philosophical reasonings … than those, which prove the existence of a Deity, and refute the fallacies of Atheists”[53].

En Dialogues concerning Natural Religion, Hume tiene un pasaje donde critica duramente, en boca de Philo y de Cleanthes, a los ateos: “Don’t you remember, said PHILO, the excellent saying of Lord BACON on his head? That a little philosophy, replied CLEANTHES, makes a man an atheist; a great deal converts him to religion. That is a very judicious remark, too said, PHILO. But what I have in my eye is another passage, where, having mentioned DAVID’s fool, who said in his heart there is no God, this great philosopher observes that the atheists nowadays have a double share of folly. For they also utter that impiety with their lips, and are thereby guilty of multiplied indiscretion and imprudence. Such people … cannot … be very formidable[54]. Este pasaje, injusto, me recuerda a unas duras palabras contra los ateos que escribió Unamuno en Del sentimiento trágico de la vida. Para Unamuno, los ateos son parásitos sociales y parásitos espirituales: “hay parásitos sociales … que … niegan que la creencia en Dios y en otra vida sean necesarias para fundamentar una buena conducta y una vida soportables (…) Un individuo suelto puede soportar la vida y vivirla buena … sin creer … ni en la inmortalidad del alma ni en Dios; pero es que vive vida del parásito espiritual”[55]. En mi opinión, esta falta de respeto y desprecio hacia los ateos es injustificada. Por suerte hoy en día tenemos las voces de figuras de ateos inteligentes y brillantes (algunos más explosivos que otros) que desmontan estas críticas y denuncian las injusticias y contradicciones de las religiones: Michel Onfray (Traité d’athéologie); Richard Dawkins (The God Delusion), Christopher Hitchens God is not Great. How Religion Poisons Everything; Pat Condell (Godless and Free), André Comte-Sponville (L’Esprit de l’athéisme. Introduction à une spiritualité sans Dieu).

En el testimonio de Boswell, sin embargo, Hume cuenta que una de las personas más admirables que conoció era ateo: “‘One of the men’ … ‘of the greatest honour that I ever knew is my Lord Marischal, who is a downright atheist. I remember I once hinted something as if I believed in the being of God, and he would not speak to me for a week.'”[56].

2.Crítica al argumento del diseño

El argumento del diseño es conocido también como el argumento teleológico: el mundo parece tener un orden, un fin, y sería el resultado de un diseñador inteligente, es decir, Dios. Este argumento fue el argumento más común a favor del teísmo en el siglo XVIII: el mundo es como una máquina, y debe ser fruto de un creador inteligente. Hume apoyará este argumento en las obras anteriores a Dialogues concerning Natural Religion (“The whole frame of nature bespeaks and intelligent author[57]), pero en Dialogues concerning Natural Religion desmontará el argumento del diseño en boca del escéptico Philo. Hay muchas razones para creer que el mundo se parece no a una máquina, sino a algo orgánico, a un animal o a una planta, un vegetal: “The world plainly resembles more an animal or a vegetable than it does a watch or a knitting-loom (…) The cause, therefore, of the world we may infer to be something similar or analogous to generation or vegetation[58]. Los animales o las plantas no están hechos por un fabricante o un diseñador de plantas; ¿por qué, entonces, el mundo tendría que tener un diseñador? En cuanto al modelo mecánico, Hume afirma que tiene más sentido pensar en varios diseñadores que en uno solo.

Cleanthes, defensor de la idea del diseño, dice: “Look around the world: Contemplate the whole and every part of it: You will find it to be nothing but one great machine, subdivided into an infinite number of lesser machines (…) the Author of Nature is somewhat similar to the mind of man (…) by this argument … do we prove at once the existence of a Deity and his similarity to human mind and intelligence (…) The most obvious conclusion, surely, is in favor of design[59]. Philo dice: “Thought, design, intelligence, such as we discover in men and other animals, is no more than one of the springs and principles of the universe, as well as heat or cold, attraction or repulsion, and a hundred others which fall under daily observation (…) in this caution proceeding of the astronomers you may read your own condemnation, CLEANTHES; or rather may see that the subject in which you are engaged exceeds all human reason and enquiry. Can you pretend to show any such similarity between the fabric of the house and the generation of a universe? Have you ever seen Nature in any such situation as resembles the first arrangement of the elements?[60].

Así pues, según Cleanthes, el mundo es una máquina, fruto del diseño. Según Philo, tales cuestiones están por encima de nuestro alcance, pero, en su opinión, el mundo se parecería más a un animal que a una máquina: “The world, say I, resembles and animal; therefore it is an animal, therefore it arose from generation (…) The world, says CLEANTHES, resembles a machine; therefore it is a machine, therefore it arose from design (…) Reason … is observed to arise from the principle of generation, and never to arise from any other principle[61].

Cleanthes sólo puede apoyarse en la analogía, la cual es sólo una forma débil de razonamiento. Cleanthes se apoya también en el antropomorfismo. Pero Dios no puede poseer nada humano, apunta Philo: “I shall endeavor to show you … the inconveniences of that anthropomorphism which you have embraced (…) It is an absurdity to believe that the Deity has human passions[62]. Ya antes, en The Natural History of Religion, Hume había criticado el antropomorfismo. El hombre ve caras en la luna y ejércitos en las nubes: “There is an universal tendency among mankind to conceive all beings like themselves, and to transfer to every object, those qualities, with which they are familiarly acquainted … We find human faces in the moon, armies in the clouds[63].

Russell criticará el argumento del diseño en su brillante Why I am not a Christian. No tiene sentido alguno que Dios se haya contentado con crear un mundo tan mediocre, lleno de maldad y crueldad: “When you come to look into this argument from design, it is a most astonishing thing that people can believe that this world, with all the things that are in it, with all its defects, should be the best that omnipotence and omniscience has been able to produce in millions of years. I really cannot believe it. Do you think that, if you were granted omnipotence and omniscience and millions of years in which to perfect your world, you could produce nothing better than Ku-Klux-Klan or the Fascists?[64].

3. Duda de la inmortalidad del alma

El ateo no suele creer en una realidad sobrenatural o trascendental, incluyendo la inmortalidad del alma, fantasmas o poderes sobrenaturales: “The atheist‘s rejection of belief in God is usually accompanied by a broader rejection of any supernatural or transcendental reality … an atheist does not usually believe in the existence of immortal souls, life after death, ghosts, or supernatural powers. Although strictly speaking and atheist could believe in any of these things and still remain an atheist … the arguments and ideas that sustain atheism tend naturally to rule out other beliefs in the supernatural or trascendental[65].

Aparte de hacer una magistral crítica a la superstición y los milagros, Hume afirma que la inmortalidad del alma es muy improbable.

En A Treatise of Human Nature, Hume escribe diplomáticamente que los argumentos metafísicos para la inmortalidad del alma quedan abiertos: “the methapysical arguments for the immortality of the soul are … inconclusive[66]. Pero, luego, en su brillante ensayo de seis páginas “Of the Immortality of the Soul”, Hume toma una postura más crítica y escribe que mediante la razón es muy difícil probar la inmortalidad del alma. Los argumentos que se dan a favor de la inmortalidad son metafísicos, morales o físicos. Hume desmonta cada uno de ellos. Al fin y al cabo, se cree en la inmortalidad del alma porque el Evangelio lo dice. Luego, si acaso el alma es inmortal, tiene que haber existido antes de nuestro nacimiento; éste es un punto muy interesante: si nuestro estado antes de nacer no nos interesa, tampoco nos debería interesar nuestro estado después de morir: “The soul, therefore, if immortal, existed before our birth: And if the former state of existence no wise concerned us, neither will the latter[67].

Hume se pregunta: ¿acaso el alma de los animales es inmortal?: “Animals undobtedly feel, think, love, hate, will, and even reason, tho’ in a more imperfect manner than man. Are their souls also immaterial and immortal? (…) The powers of men are no more superior to their wants, considered merely in this life, than those of foxes and hares are, compared to their wants and to their period of existence[68].

Si observamos la naturaleza, ¿no tiene acaso más sentido creer en la mortalidad del alma que en su inmortalidad? Los argumentos físicos son lo sargumentos filosóficos más fuertes, afirma Hume: “The physical arguments from the analogy of nature are strong for the mortality of the soul; and these are really the only philosophical arguments, which ought to be admitted with regard to this question[69]. Hume afirma que el alma y el cuerpo están unidos. Cuando nuestro cuerpo deteriora, nuestro ánima se deteriora también. Cuando sentimos dolor en el cuerpo, solemos sentir dolor en el alma: “Every thing is in common between soul and body. The organs of the one are all of them the organs of the other. The existence therefore of the one must be dependent on that of the other[70].

Todo en este mundo es perpetuo. Todos los seres están en continuo flujo. El mundo está ligado al cambio y a la disolución. ¿Por qué, entonces, el alma, la cual parece tan frágil, no va a estar sujeta a las leyes de la naturaleza?: “How contrary to analogy, therefore, to imagine, that one single form, seemingly the frailest of any, and from the slightest causes, subject to the greatest disorders, is immortal and indissoluble? What a daring theory is that![71].

Los hombres hablan de inmortalidad sólo por terror a la muerte. Todos vamos amorir, y esa aniquilación del ser, esa nada, ¿no es acaso la que ha dado fruto a las más fantásticas ideas, doctrinas y religiones?: “Death is in the end unavoidable (…) All doctrines are to be suspected, which are favoured by our passions. And the hopes and fears which gave rise to this doctrine, are very obvious[72].

Unamuno, en el quinto capítulo de Del sentimiento trágico de la vida (titulado “La disolución racional”), menciona “Of the Immortality of the Soul”, y habla del escepticismo de Hume: “El gran maestro del fenomenalismo racionalista, David Hume, empieza su ensayo Sobre la inmortalidad del alma con estas definitivas palabras: ‘Parece difícil probar con la mera luz de la razón la inmortalidad del alma.’ (…) Queda en pie la afirmación escéptica de Hume”[73].

Boswell fue a visitar a Hume casi dos meses antes de que Hume muriera. La impresión de Boswell fue que Hume no le temía en absoluto a la muerte. Hume le dice a Boswell que no desea ser inmortal, que se encuentra muy bien en este estado de su ser, y que prefiere no ser nada cuando muera que ser menos que ahora. También le dice que la mayoría de las personas religiosas que él ha conocido son moralmente malas y casi fanáticas.

Hume confiesa que prefiere morir del todo a ser inmortal. Hume no se angustiaba con la idea de la nada, al contrario de Unamuno, quien escribió las famosas palabras: “No quiero morirme, no; no quiero, ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, y por esto me tortura el problema de la duración de mi alma, de la mía propia”[74].

Para otros filósofos es la idea de la inmortalidad la que resulta insoportable. Uno de ellos es John Stuart Mill, padrino de Russell, para quien la inmortalidad, y no la aniquilación, sería insufrible. Mill escribe en The Utility of Religion que la naturaleza humana debe sentir confort y no tristeza por la idea de no estar atado en la eternidad: “It seems to me not only possible but probable, that in a higher, and, above all, a happier condition of human life, not annihilation but immortality may be the burdensome idea; and that human nature, though pleased with the present, and by no means impatient to quit it, would find comfort and not sadness in the thought that it is not chained through eternity[75]. Borges escribió en el poema “Una oración” (Elogio de la sombra): “Desconocemos los designios del universo, pero sabemos que razonar con lucidez y obrar con justicia es ayudar a esos designios, que no nos serán revelados. Quiero morir del todo; quiero morir con este compañero, mi cuerpo”.

En A Treatise of Human Nature, Hume pone en duda la inmortalidad del alma. La inmortalidad del alma es contraria a la naturaleza y a la razón. El hombre cree en la inmortalidad por miedo a morir y porque así le ha sido inculcado a través de la educación: “A future state is so far remov’d from our comprehension, and we have so obscure an idea of the manner, in which we shall exist after the dissolution of the body, that all the reasons we can invent, however strong in themselves, and however much assisted by education, are never able with slow imaginations to surmount this difficulty, or bestow a sufficient authority and force on the idea[76].

Hitchens, en God is not Great. How Religion Poisons Everything, escribe: “Lucretious anticipated David Hume in saying that the prospect of future annihilation was no worse than the contemplation of the nothingness from which one came[77].

4. Crítica a los monoteísmos

En Dialogues concerning Natural Religion, Hume, en boca de Philo, sugiere que, puestos a creer en una deidad, tiene más sentido creer que varios dioses y no uno solo han construido el mundo. Los hombres construyen juntos las ciudades, ¿por qué no iban los dioses a construir juntos el mundo? El politeísmo es, pues, mucho más coherente que el monoteísmo. Philo le dice a Cleanthes: “And what shadow of an argument, continued Philo, can you produce from your hypothesis to prove the unity of the Deity? A great number of men join in building a house or a ship, in rearing a city, in framing a commonwealth; why may not several deities combine in contriving and framing the world?[78].

Existe una tira de Mafalda donde Felipe está leyendo un cómic de su héroe el Llanero Solitario. Mafalda le pregunta por qué se llama “solitario” y Felipe le dice “porque lucha él solo contra los malos”. “¡Cómo!”, exclama Mafalda, “¿El borrico éste no sabe que es mucho más positivo trabajar en equipo?”[79]. Creo que si Hume hubiera conocido a Mafalda, podría perfectamente haber usado esta tira para criticar al dios de la religión monoteísta.

Los hombres y los animales son mortales y la especie perdura gracias a la unión de los dos sexos. ¿Por qué –se pregunta Philo– los dioses no iban a ser también de diferente sexo?: “Men are mortal, and renew their species by generation; and this is common to all living creatures: The two great sexes of male and female, says MILTON, animate the world. Why must this circumstance, so universal, so essential, be excluded from those numerous and limited deities?[80].

Hume llama superstición a la religión católica: “The ceremonies of the Roman Catholic religion may be consider’d as experiments of the same nature. The devotees of that strange superstition usually plead in excuse of the mummeries (…) Superstitious people are fond of the relicts of saints and holy men[81].

El dios cristiano, en especial el de los calvinistas, es, según Hume, un ser cruel, injusto e irreal: “Hume is consistenly hostile to Christianity, both on intellectual and on moral grounds … in his essay ‘The Natural History of Religion’ [he writes that] ‘the Roman Catholics are a very learned sect’ (…) Neither do the Calvinists fare any better. In their case Hume endorses the view … that their Jewish God ‘is a most cruel, unjust, partial and fantastical being’[82].

Hume denuncia la desproporción del supuesto castigo que Dios ortoga (un castigo que es eterno) con el daño causado por el hombre: “Punishment, according to our conceptions, should bear some proportion to the offence. Why the eternal punishment for the temporary offences of so frail a creature as man?[83].

Según Hume, el hombre no es sólo bueno o sólo malo. Y lo mejor del hombre se halla entre el vicio y la virtud: “the greatest part of mankind float between vice and virtue[84].

Los monoteísmos (y, por lo general, la mayoría de las religiones) son inculcados, en pleno siglo XXI, en la infancia, casi nunca escogidos en libertad. En A Treatise of Human Nature, Hume afirma que la educación recibida influye enormemente en el ser humano, y que es muy difícil escapar de aquello que nos ha sido inculcado en la infancia. Escapar del peso de la religión, pues, es casi imposible.

En el capítulo “Of Miracles” (An Enquiry concerning Human Understanding), Hume critica fuertemente la veracidad de la Biblia, un libro lleno de contradicciones y escrito por pueblos bárbaros e ignorantes, crítica que harán más tarde Freud y Russell. Hume se pregunta: ¿qué es más extraordinario y milagroso? ¿la falsedad de la Biblia o los milagros que la Biblia relata?: “I desire any one to lay his hand upon his heart, and … declare, whether he thinks that the falsehood of such a book, supported by such a testimony, would be more extraordinary and miraculous than all the miracles it relates[85].

Según Hume, las prácticas religiosas (ayuno, celibato, penitencia…) no son útiles ni para quien las realiza ni para la sociedad. López Sastre dice de las prácticas religiosas: “las prácticas que nos recomienda el cristianismo no pueden aprobarse moralmente. Su carácter inútil y desagradable las convierte … en verdaderos vicios (…) no son sino un obstáculo para la felicidad de los hombres”[86].

5. Crítica al terror de la religión

En Dialogues concerning Natural Religion, Hume, en boca de Cleanthes, critica la represión de la religión sobre la razón que hizo el cristianismo una vez establecido.

Voltaire, en su magnífico Traité sur la Tolérance (1763), critica el fanatismo religioso, principal causante de sangre y guerras, y defiende el poder de la razón: “La fureur qu’inspirent l’esprit dogmatique et l’abus de la religion chrétienne mal entendue a répandu autant de sang, a produit autant de désastres, en Allemagne, en Anglaterre, et même en Hollande, qu’en France[87]. Voltaire asegura que la única medicina contra el fanatismo es la razón.

El admirable Hans Küng admite en Projekt Weltethos la capacidad destructiva de las religiones.

Russell afirma en su explosivo Why I am not a Christian que las religiones son nefastas y dañinas: “I think all the great religions of the world (…) both untrue and harmful[88]. La religión se basa principalmente en el miedo, y el miedo es pariente de la crueldad: “Religion is based, I think, primarily and mainly upon fear (…) Fear is the basis of the whole thing -fear of the mysterious, fear of defeat, fear of death. Fear is the parent of cruelty, and therefore it is no wonder if cruelty and religion has gone hand-in-hand[89].

6. Crítica a la superstición

En el siglo XVII cualquier religión que no pudiera ser explicada y entendida mediante la razón, que no tuviera su base en la razón natural y la ley natural, era considerada superstición: “Religion which could not be established by reason was no religion at all -it was superstition[90]

Hume critica duramente en varias de sus obras la superstición: “For as superstition arises naturally and easily from the popular opinions of mankind, it seizes more strongly on the mind, and is often able to disturb us in the conduct of our lives and actions[91]. Las fuentes de la superstición son la debilidad, el miedo, la melancolía, y la ignorancia.

Spinoza ya había hablado brillantemente sobre la superstición en el Prefacio de su Tractatus Theologico-politicus: “Si los hombres pudieran conducir todos sus asuntos según un criterio firme, o si la fortuna les fuera siempre favorable, nunca serían víctimas de la superstición (…) los delirios de la imaginación, los sueños y las necedades infantiles son, según ellos, respuestas divinas (…) La causa que hace surgir, que conserva y que fomenta la superstición es … el miedo (…) los hombres sólo sucumben a la superstición mientras sienten miedo”. La superstición es súper eficaz para gobernar a la masa: “El gran secreto [consiste] en mantener engañados a los hombres y en disfrazar, bajo el … nombre de la religión, el miedo con el que se los quiere controlar, a fin de que luchen por su esclavitud, como si se tratara de su salvación, y … consideren … el máximo honor dar su sangre y su alma”[92].

Russell ridiculiza las supersticiones en su magnífico An Outline of Intellectual Rubbish y apunta que, aunque ahora no se tengan demasiado en cuenta, hace 2.000 años eran muy consideradas: “Among ourselves the prejudice against Friday and the number thirteen is very active; sailors do not like to sail on Friday, and many hotels have no thirteenth floor. The superstitions about Friday and thirteen were once believed by those reputed wise; now such men regard them as harmless follies. But probably 2,000 years hence many beliefs of the wise of our day will have come to seem equally foolish[93].

7. Crítica a los milagros

En A Treatise of Human Nature, Hume denuncia la creencia en apariciones, encantamientos y prodigios.

En el brillante capítulo “Of Miracles” (An Enquiry concerning Human Understanding), Hume apunta que en toda la Historia no ha habido nunca ningún milagro que tuviera suficientes testigos que fueran de fiar (con buena educación, sentido común e integridad). La sorpresa y fascinación que producen tales milagros hacen que la gente se los crea, por estúpidos y absurdos que parezcan. La humanidad tiene una propensión irracional por lo extraordinario y maravilloso. La crítica de Hume a los milagros es una crítica también a las profecías.

La religión cristiana hace uso continuo de los milagros: “The Christian Religion not only was at first attended with miracles, but even at this day cannot be believed by any reasonable person without one[94].

A propósito de los milagros, Hitchens escribe en God is not Great. How Religion Poisons Everything: “the last word on the subject was written by the Scottish philosopher David Hume, who granted us free will in the matter. A miracle is a disturbance or interruption in the expected and established course of things (…) If you seem to witness such a thing, there are two possibilities. The first is that the laws of nature have been suspended (…) The second is that you are under a misapprehension, or suffering from a delusion[95].

8. Imperfección de la deidad y el problema del mal

Referente a la teodicea, Hume, al igual que Voltaire, no apoya en absoluto la idea de Leibniz de que éste es el mejor de los mundos posibles: “The Leibnizian idea that this is the best of all possible worlds, so that all the evil which it manifests is really a proof of God‘s goodness, seemed as preposterous to Hume as it did to Voltaire[96].

En Dialogues concerning Natural Religion, Hume, en boca de Philo, denuncia la idea de un dios perfecto, libre de errores e incoherencias, argumento principal de muchos pensadores ateos. Philo le dice a Cleanthes: “you have no reason … for ascribing perfection to the Deity … or for supposing him free from every error, mistake, or incoherence … There are many inexplicable difficulties in the works of Nature[97].

Nuestro mundo es tan imperfecto que más bien parece una obra mediocre e inacabada de una deidad infantil. Habla Philo: “This world … is very faulty and imperfect, compared to a superior standard; and was only the first rude essay of some infant deity who afterwards abandoned it, ashamed of his lame performance[98].

Aquí termino de exponer estos ocho puntos, siete de los cuales podrían ser compartidos por muchos filósofos ateos. Hume se manifestó en contra de la creencia religiosa, apoyándose siempre en la filosofía: una filosofía libre de fantasía e hipótesis: “[Hume] was … campaigning on many fronts against religious belief, but above all he wished to preserve philosophy from the ‘licence of fancy and hypothesis’ into which theology falls[99].

Conclusión

El agnosticismo de Hume es fruto de una visión escéptica de la vida. Tiene que ver más con su teoría de las ideas que con una postura referente sólo a Dios y a la religión. El ateísmo no dogmático, el ateísmo inteligente (como muy bien apunta Baggini), se apoya en una visión naturalista y en los hechos que parecen indicar la inexistencia de un dios creador.

El agnóstico suspende el juicio sobre Dios, pero también debería suspender entonces el juicio sobre muchas otras cosas, como hizo Hume, como la idea de la causalidad o la idea de substancia (el propio “yo”). Por contra, el ateo dogmático está seguro de que Dios no existe y nada puede hacerle cambiar de opinión; y el teísta dogmático está seguro de que Dios existe y nada puede hacerle cambiar de opinión. Ambos, en mi opinión, parecen sostener visiones un tanto arrogantes y absurdas, ya que, al fin y al cabo, los seres humanos no somos dioses, y, como muy bien apunta Hume, no podemos alcanzar la verdad de tales cuestiones, inmensas para nuestro conocimiento.

El ateo dogmático y el teísta no deberían ser agnósticos, pero sí deberían admitir la posibilidad, por pequeña que sea, de estar equivocados. Al fin y al cabo, apunta Baggini, no podemos estar seguros de nada, salvo tal vez de nuestra propia existencia, y aun así, sólo a veces. Si no podemos creer en nada, deberíamos entonces suspender el juicio sobre todas las cosas. Y eso es precisamente lo que hace Hume: suspender el juicio sobre todas las cosas, salvo en aritmética y álgebra.

Russell, un pensador genial que, sin duda, calificaríamos de ateo, se consideraba agnóstico. ¿Y por qué? Porque él dijo que él no podía probar la no-existencia de Dios. Pero tal vez podríamos calificar a Russell de ateo inteligente, no dogmático, como apunta Baggini.

Paul Russell, en su interesante artículo “Hume on Religion” (Stanford Encyclopedia of Philosophy), escribe: “What Hume aimed at … was to ‘unmask’ religious doctrine and institutions. It was his general ambition to expose the groundlessness of their doctrines as well as the destructive nature of their influence on human life. In pursuing this end — i.e., to free humanity from … religion, – Hume follows in a tradition that can be traced, before him, to Lucretius, Hobbes and Spinoza and, after him, to thinkers such as D’Holbach, Marx and Nietzsche. Whatever label we place on this tradition (i.e., “atheist”, “irreligious”, “anti-Christian” etc.), there is no doubt that Hume’s contributions stand among its greatest achievements and, for the most part, represent it in a particularly humane and measured voice“.

En mi opinión, Hume, sin ser ateo, sino agnóstico, abrió una puerta hacia la crítica sobre la religión revelada, los milagros y la superstición. Sus escritos sobre la inmortalidad del alma y el suicidio son también decisivos. Esta crítica, elegante y por momentos un tanto diplomática, irá creciendo en los siglos posteriores hasta hacer explotar todo el sistema de creencias y tradiciones. Dios y la religión serán sólo un traje raído después de las voces geniales y fascinantes de Feuerbach, Marx y Nietzsche en el siglo XIX, Freud, Russell, Sartre y Camus en el siglo XX, y Savater, Comte-Sponville, Onfray, Dawkins, Hitchens, Condell, Harris, Baggini y muchos otros en los siglos XX y XXI.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 5 de febrero de 2013

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NOTAS

[1] Ayer, Hume. A Very Short Introduction, p. 1

[2] Russell, History of Western Philosophy, p. 600

[3] Savater, La aventura de pensar, pp. 117, 126

[4] Berlin, The Age of Enlightenment. The Eighteenth Century Philosophers, p. 163

[5] “David Hume and Charles Darwin”

[6] “David Hume and Charles Darwin”, p. 457

[7] Russell, op. cit., p. 610, 611

[8] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 312

[9] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 320

[10] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 49, 50, 51

[11] Savater, op. cit., p. 122

[12] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 142

[13] Russell, op. cit., p. 602

[14] Russell, op. cit., p. 603

[15] Savater, op. cit., p. 122

[16] Hume, A Treatise of Human Nature, pp. 509, 510

[17] Freud, El malestar en la cultura, p. 63. “Diesem Programm der Kultur widersetzt sich aber der natürliche Aggressionstrieb der Menschen, die Feindseligkeit eines gegen alle und aller gegen einen”, Freud, Das Unbehagen in der Kultur, p. 72

[18] Freud, op. cit., p. 51. “Dieser Fremde ist nicht nur im allgemeinen nicht liebenswert, ich muß ehrlich bekennen, er hat mehr Anspruch auf meine Feindseligkeit, sogar auf meinen Haß. Er scheint nicht die mindeste Liebe für mich zu haben (…) Wenn es ihm einen Nutzen bringt, hat er kein Bedenken, mich zu schädigen“, Freud, op. cit., p. 59

[19] Hume, Letter to Gilbert Elliot of Minto, March-April 1751, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 163

[20] Hume, “My Own Life”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 170

[21] Hume, L 13 – L 20 / Nor 426

[22] Ayer, op. cit., p. 9

[23] Savater, op. cit., p. 124

[24] López Sastre, “David Hume, o la reflexión escéptica sobre el mundo religioso”, en Filosofía de la religión. Estudios y textos (Manuel Fraijó, ed.), p. 170

[25] Savater, op. cit., p. 124

[26] Hume, “My Own Life”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 172

[27] Thrower, Western Atheism, p. 106

[28] Savater, op. cit., p. 124

[29] Berlin, op. cit., p. 163

[30] Thrower, op. cit., p. 109

[31] Hume, “Letter to Henry Home“, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 161

[32] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 317

[33] Hume, An Enquiry concerning Human Understanding, pp. 109, 110

[34] Hume, L 21, 22 / Nor 426, 427

[35] Parte IV, Proposición LXVII, p. 359

[36] Savater, Ética para Amador, pp. 126, 127

[37] Hume, Sc 8 / Mil 163

[38] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, pp. 7, 8

[39] Mossner, Introduction to A Treatise of Human Nature, pp. 20, 21

[40] “My Philosophy”, Getting Even, p. 170

[41] Hume, An Enquiry concerning Human Understanding, p. 120

[42] Berlin, op. cit., p. 163

[43] Baggini, Atheism. A very Short Introduction, p. 3

[44] Hume “Of Suicide”, en Dialogues concerning Natural Religion, p. 98

[45] Hume “Of Suicide”, en Dialogues concerning Natural Religion, p. 97

[46] Hume “Of Suicide”, en Dialogues concerning Natural Religion, p. 98

[47] Hume L 30 / Nor 429

[48] Hume, “Of Suicide” en Dialogues concerning Natural Religion, pp. 99, 100

[49] Ayer, op. cit., p. 32

[50] Ayer, op. cit., p. 32

[51] Hume, “Of Suicide” en Dialogues concerning Natural Religion, pp. 101, 102

[52] Hume, “Of Suicide” en Dialogues concerning Natural Religion, p. 105 (nota a pie de página)

[53] Hume, An Enquiry concerning Human Understanding, p. 109

[54] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, p. 11

[55] Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, pp. 46, 47

[56] Boswell, “An account of My Last Interview With David Hume, Esq.”, en Hitchens, The Portable Atheist, p. 49

[57] Hume N Intro 1 / Bea 34, The Natural History of Religion

[58] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, pp. 44, 45

[59] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, pp. 15, 25

[60] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, pp. 19, 22

[61] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, pp. 47, 48

[62] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, pp. 30, 88

[63] Hume N 3.2 / Bea 41

[64] Russell, Why I am not a Christian, en Why I am not a Christian and other Essays on Religion and related Subjects, p. 7

[65] Baggini, Atheism. A Very Short Introduction, pp. 3, 4

[66] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 299

[67] Hume, “Of the Immortality of the Soul”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 147

[68] Hume, “Of the Immortality of the Soul”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 150

[69] Hume, “Of the Immortality of the Soul”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 150

[70] Hume, “Of the Immortality of the Soul”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 150

[71] Hume, “Of the Immortality of the Soul”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 150

[72] Hume, “Of the Immortality of the Soul”, en An Enquiry concerning Human Understanding, p. 151

[73] Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, p. 96

[74] Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, p. 64

[75] Mill, The Utility of Religion, p. 122

[76] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 163

[77] Hitchens, God is not Great. How Religion Poisons Everything, p. 312

[78] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, p. 36

[79] Mafalda, nov. 1990

[80] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, p. 37

[81] Hume, A Treatise of Human Nature, pp. 149, 150

[82] Ayer, op. cit., p. 31

[83] Hume “Of the Immortality of the Soul”, en An Enquiry of Human Understanding, p. 148

[84] Ibíd.

[85] Hume, An Enquiry concerning Human Understanding, p. 94

[86] López Sastre, “David Hume, o la reflexión escéptica sobre el mundo religioso”, en Filosofía de la religión. Estudios y textos, p. 170

[87] Voltaire, Traité sur la Tolérance, p. 30

[88] Russell, “Preface”, Why I am not a Christian, p. 18

[89] Ibíd.

[90] Thrower, Western Atheism. A Short History, p. 100

[91] Hume, A Treatise of Human Nature, p. 319

[92] Spinoza, Tractatus Theologico-politicus, pp. 61–65

[93] Russell, An Outline of Intellectual Rubbish, p. 199

[94] Hume, An Enquiry concerning Human Understanding, p. 95

[95] Hitchens, God is not Great. How Religion Poisons Everything, p. 168

[96] Ayer, op. cit., p. 31

[97] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, pp. 35–36

[98] Hume, Dialogues concerning Natural Religion, p. 37

[99] Ayer, op. cit., p. 117

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