Móvil, iPhone, iPod: las enfermedades del siglo XXI

Siempre pienso en Freud cuando veo, día a día, a jóvenes, adultos, madres, padres, abuelos y profesionales con la neurosis del móvil, iPhone & iPod (m-i-i). El sistema capitalista es tan inteligente (superficial y cruel), que realmente hace creer al mundo que sin m-i-i uno está perdido.

Veo a madres y padres en el parque, empujando cochecitos y enviando mensajes al mismo tiempo. Apenas pueden observar a sus hijos, pues hay tantas cosas que descubrir en internet, tanta gente a la que llamar… Veo a jóvenes en el autobús conversando y chequeando su e-mail al mismo tiempo. A socorristas en piscinas municipales embobados con su pequeña pantallita, la cual les impide vigilar a los niños de 4 años que no saben nadar.

Lo más curioso son los mensajes que se escuchan intermitentemente en los trenes españoles (cercanías y AVE): “estamos casi llegando”; “pon las patatas al fuego”; “ves calentando el pollo”. Desde luego, los m-i-i son imprescindibles… ¡Qué haría el ser humano sin ellos! Tendría tiempo para leer, observar el cielo, pensar, disfrutar del silencio, conversar tranquilamente, disfrutar con los hijos.

Lo que más me preocupa es: ¿podrán nuestros hijos sobrevivir sin los m-i-i?  Tendrán, inevitablemente, que ir a contracorriente. En casa, no vemos la TV hace 10 años, y somos felices. Los anuncios, las marcas, los programas basura son como extraterrestres para nosotros. En todas las casas en las que hemos vivido (Barcelona, Sevilla, Madrid) lo primero que hemos hecho es desconectar el cable de la TV. A nosotros nos gusta el cine (y los DVDs). Nos gusta decidir lo que vemos. Tampoco tenemos móviles. Mis amigos a menudo me dicen, antes de una cita “¿Cómo nos encontraremos, si no tienes móvil?”. “Como se encontraba la gente hace 10 años”, contesto yo,  “quedamos a las 18.00 h en el parque, nos vemos a las 18.00 h en el parque”.

En mayo fuimos a Israel. Fuimos unos días al Mar Muerto y volvimos a Jerusalén en autobús. El camino tenía muchas curvas, era de noche y la carretera estaba mal iluminada, y el conductor, por alguna extraña razón, tenía muchísima prisa en llegar a Jerusalén. Con una mano conducía y con la otra sostenía su móvil, hablando distraídamente, al mismo tiempo que mi hijo Itay casi vomitaba y yo me concentraba en no pensar en un accidente inevitable, producido gracias a las tecnologías del siglo XXI.

La neurosis del m-i-i es un fenómeno impresionantemente autodestructor. Va destruyendo la humanidad lentamente, atrofia el diálogo y crea estrés y ansiedad. Los m-i-i pretenden comunicar al ser humano con el mundo, y lo sumen en un aislamiento terrible. La gente necesita hoy mil estímulos para poder disfrutar. Muchos niños, hijos de padres con el síndrome de la neurosis del m-i-i, son niños que se aburren constantemente, lo tienen todo y no saben disfrutar de nada. Conozco a niños de 5 años que saben enviar mensajes y navegar por internet, con el iPhone de sus padres. Su concentración les dura un minuto y no saben apreciar las cosas más simples y bellas. Son el fruto de nuestro maravilloso sistema consumista, superficial y capitalista.

Escucho ahora una Sonata para violín y basso de Vivaldi, observo a mi hijo Itay jugar con un globo, a mi hija Yael disfrazarse, y me considero muy afortunada de no haber sucumbido a la neurosis del m-i-i.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 29 de septiembre de 2012.

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6 Responses to Móvil, iPhone, iPod: las enfermedades del siglo XXI

  1. miguelganzo says:

    Hola Antonia, he llegado a este blog porque soy compañero tuyo en el Master en Filosofía en la UNED en la asignatura de Los Hijos de Nietzche. Se supone que debería estar organizandome el estudio de este cuatrimestre que empieza pero de momento aquí estoy leyendo tu blog, al que me voy a subscribir de inmediato porque me parece interesantisimo. En cuanto a este texto sobre estas enfermedades del siglo XXI no podría estar mas de acuerdo. Justo ahora me estoy leyendo un libro que se llama “The fix. How addiction is invading our lives and taking over our world”, de Damian Thopmson, que trata mucho este tema y que quizá te pueda interesar. Y nada mas, que “nos vemos” por el foro de la UNED. Un saludo. Miguel

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    • Hola Miguel:
      muchas gracias por tu mensaje. Y gracias por leer mi Blog. Me alegro de que seamos compañeros de Máster en la asignatura “Los hijos de Nietzsche”. Veo que tú también tienes un Blog. Indagaré ahora mismo…
      Un abrazo y nos vemos en el Foro,
      Antonia

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  2. Juan Manuel says:

    Lanzo otra pregunta a las que ya se animaron: ¿qué significa que la tecnología interceda el deseo y cada vez más?

    En clave freudiana aventuro que la tecnología tiende puentes entre el principio de placer y el principio de realidad, pero que no tiene un papel constitutivo desde el momento que es el abismo que separa la búsqueda de placer de los límites de la realidad (¿cuánto no sufrimos más esa realidad en nuestros cuerpos? ¿y cuánto no son muchas de las tecnologías más “entrañables” aquellas que actúan como prótesis de sus funciones?) lo que nos define en toda sus oscuras dimensiones desde la infancia temprana.

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  3. Hola Antonia.
    Uso y abuso. Se ha hablado mucho de estos conceptos, y es difícil poner una frontera clara entre ellos. En mi trabajo he llegado a ver en varias ocasiones a una persona haciendo uso del urinario mientras tecleaba mensajes con la otra mano. ¿Es un claro abuso? Quizá sí, aunque no creo que el usuario lo perciba de esa manera.

    Sin intentar marcar límites, apuntaría que quizá se está haciendo abuso cuando el uso de estas tecnologías (¿sólo de éstas?¿cómo y por qué?) nos aparta de la realidad . Aconsejo la lectura del libro de R. Llinás “El cerebro y el mito del yo”, especialmente el capítulo dedicado a la “conciencia colectiva”, donde plantea una serie de problemas que conlleva el uso de las últimas tecnologías.

    Debo decirte que, a mi entender, cometes el error de establecer un nexo fuerte entre uso de tecnologías y aislamiento de la realidad con problemas asociados: estrés, ansiedad, etc. En todo caso, este nexo vendría dado por el exceso de uso, o abuso. ¿Por qué internet sí pero m-i-i no?
    Estos aparatos tecnológicos son herramientas. Se pueden usar bien o mal, pero NO son inadecuadas de partida. Un martillo se puede usar para colocar clavos o para agredir a alguien, y no por ello diremos que los martillos son malos. En casa tenemos televisión, aunque la vemos poco y con criterio. También tengo móvil, pero lo uso de manera racional y no compulsiva.

    El otro día asistí con mi mujer a una charla de Mauricio J. Schwarz en Barcelona (te aconsejo una visita a sus páginas, especialmente los vídeos de la serie “El rey va desnudo” y “El retorno de los charlatanes”). Durante la charla, usaba el smart phone como guión, pues su pantalla táctil permite afrontar este tipo de acontecimientos con una facilidad que no aporta el papel. Es un ejemplo de uso adecuado. Con esto no quiero hacer apología de consumismo ni fomentar el cambio de móvil cada año, todo lo contrario. Pero no creo que debamos prescindir del uso de estos aparatos, si pueden aportarnos mejoras importantes en nuestras actividades cotidianas.

    Un saludo,

    Miguel

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    • Hola Miguel:
      muchas gracias por tu interesante comentario. Respondiéndote a ¿Por qué internet sí y m-i-i no? te diré que el internet suele usarse en solitario y en casa o en la oficina, y no en medio de un diálogo con un amigo, la pareja, caminando por la calle o empujando cochecitos. Personalmente no le veo ventajas a los m-i-i, y un millón de desventajas. Pienso que el m-i-i es totalmente prescindible. El sistema capitalista-consumista en el que vivimos es tan poderoso e inteligente que hace creer a la masa que está perdida si no adquiere un m-i-i, por no hablar ya de los últimos modelos de m-i-i. La deshumanizaciónn que produce el m-i-i es inmensa.

      En el colegio de mis hijos (colegio público Bilingüe Español-Inglés) se han gastado un dineral en “pantallas digitales” para todas las clases. En muchas clases no hay ya pizarras a tiza, que son las pizarras que los niños adoran y pueden usar perfectamente. Yo hubiera preferido que se hubieran comprado libros en inglés en vez de pizarras digitales. ¿Avances tecnológicos? En absoluto. En mi opinión: estupidez capitalista.

      Es verdad que hay gente que usa “moderadamente” el m-i-i. Pero es una excepción. En los adolescentes, el uso del m-i-i es realmente una enfermedad. Habrá que ver cómo se afronta este grave problema, cuando nuestros hijos sean adolescentes.

      Un abrazo,
      Antonia

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      • Encantado de estar por aquí de nuevo, Antonia:
        Cuando decía “¿Por qué internet sí…” quería decir “uso del ordenador” en lugar de “internet”, ya que desde los mii también se puede acceder a internet. En todo caso, deduzco de tu respuesta que lo has entendido perfectamente.

        Los usos que apuntas de los mii se deben más a una falta de respeto hacia las personas del alrededor inmediato del usuario que a una necesidad de uso o funcionamiento del aparato. Por lo tanto, es una cuestión de educación y no de tecnología.

        En cuanto a la supuesta deshumanización, no puedo estar más disconforme. Un ser humano no deja de serlo por utilizar la tecnología de esta manera. En todo caso, estará más aislado de su entorno, más enganchado a la “realidad virtual” o cualquier explicación similar, pero no deja su condición de ser humano, a no ser que hagamos un uso extensivo y casi abusivo de este concepto.

        Por lo que respecta a la cuestión de las pantallas digitales, no creo que pueda definirse como “estupidez capitalista” por varios motivos. En primer lugar y nos guste o no, vivimos en un sistema de economía capitalista, por lo que el último adjetivo es, en todo caso, innecesario. Sólo nos queda “estupidez”. El diccionario de la RAE define estúpido como necio o falto de inteligencia. ¿Es falta de inteligencia la sustitución de las pizarras por pantallas digitales? Me pregunto cómo y por qué.
        El uso de pantallas digitales tiene ventajas interesantes, como poder obtener una rápida copia de lo que se ha escrito, por ejemplo. Podemos cuestionarnos si la inversión que se hace es demasiado alta para el beneficio que produce.
        Mis padres usaban una losa de pizarra para escribir en la escuela, no tenían dinero para comprar lápiz y papel. Yo aprendí con lápiz, papel y bolígrafos. Mi hijo está aprendiendo con pizarras digitales, ordenadores, proyectores, etc. ¿Debemos poner un límite a la tecnología en la enseñanza de nuestros hijos basado en motivos económicos? Creo que antes deberíamos reducir hasta eliminar las subvenciones que reciben determinados estamentos; la iglesia, la corona, las PYMES, sindicatos, etc. ¿Debemos limitar la tecnología por motivos éticos? De nuevo, creo que es necesaria la educación para un uso adecuado de éstos.

        Yo desconozco las estadísticas sobre uso de mii, en cuanto a el nº de mensajes por día que se envían, los minutos de habla por móvil, etc. Así, sería osado por mi parte decir que los jóvenes tienen excepcionalmente un uso moderado o que es una enfermedad. Me inclino a pensar que es una novedad relativamente económica, y se presta a cierto uso intenso. No tengo ninguna preocupación por la manera como mi hijo afronte las tecnologías, su conocimiento no me causa ningún miedo. Al contrario, me asustaría si no le enseñara el uso racional y adecuado de las mismas.

        Para finalizar, creo que debemos respetar el derecho de las personas a equivocarse y estar (auto)engañadas, siempre que no nos afecte.

        Un saludo,

        Miguel

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