Cartas a S. (Maternidad, arte, pensamiento, pobreza & libertad)

Estimada S.:

personalmente (hablo primeramente como ser humano y luego como mujer), pienso que tener hijos es la experiencia más maravillosa, satisfactoria e increíble que un ser humano pueda vivir. Decidir no tener hijos es, desde luego, una decisión personal, y nadie debería juzgar a nadie por eso (sea hombre o mujer). También hay gente que decide vivir solo toda la vida … son decisiones personales.

La vida es cruel e injusta y el ser humano es un animal. La experiencia de tener hijos, junto al arte y el pensamiento, sublima al ser humano. El amor incondicional y animal que se siente por un hijo es de las pocas cosas bellas que tiene el ser humano. Pienso que tener hijos es un acto de generosidad (uno da la vida por sus hijos) y también de egoísmo (¿para qué traer más niños al mundo?), pero, sopesando ambos, me decanto por la generosidad. Decidir perderse esta experiencia es, a mi juicio, una pena. Pero aquí hablo solamente como madre.

Muchos recuerdos,

Antonia, 14 de mayo 2011.

Buenas tardes:

cuando hablo de tener hijos no lo digo, claro está, en un sentido puramente biológico (animal), como S. ha malentendido. La experiencia de tener hijos es tan impresionante que yo, que soy madre, músico y estudio filosofía, lo comparo al arte y al pensamiento. Tener hijos es una experiencia fascinante, porque, a parte del amor incondicional que nace de la madre / padre hacia el hijo, es un estudio completo del ser humano. A quien nos interesa la filosofía, ver crecer y desarrollarse una personita, a todos los niveles, es una experiencia increíblemente enriquecedora.

Yo tengo dos hijos: Yael de 5 años e Itay de casi 3 años. Para mí no hay nada en este mundo tan maravilloso, genial y fascinante como ellos. Los he visto nacer, crecer y desarrollarse. He visto en ellos el egoísmo, la generosidad, la rabia, la inteligencia, la solidaridad, el miedo, la tristeza, la alegría… Con ellos he aprendido a ser más paciente, más fuerte, más, diría yo, humana. Todo toma otra perspectiva: nada es tan importante, sólo la salud, el bienestar y la felicidad de mis hijos. Una madre daría la vida por sus hijos. Me imagino que para la gente que adopta es exactamente lo mismo.

No comparto en absoluto la opinión de E. de que “te puede salir un hijo delicuente, drogadicto, mala persona”. Al hijo se le educa. Somos frutos de nuestras experiencias, lo que vivimos y lo que escogemos. ¿Tiene naturaleza el ser humano? Eso es una cuestión de debate. Yo me inclino a pensar que no, que, como muy bien dice Sartre: “la existencia precede la esencia”. Somos lo que vivimos. Somos nuestros actos. ¿Estamos influidos por nuestra infancia? Yo me inclino a pensar que sí (a diferencia de Sartre, y siguiendo a Freud). Pero no estamos, en mi opinión, condicionados del todo por la infancia, pues somos dueños de nuestra vida, de nuestras elecciones y de nuestra libertad.

¿Uno puede amar a un hijo, escucharle, comprenderle y que ese hijo devenga drogadicto, delincuente? Entra dentro de las posibilidades, pero, en mi opinión, es una posibilidad muy remota (la misma que yo, de repente, entre en un colegio y tirotee a todos los niños).

Es verdad que poder escoger tener hijos es un lujo. Hay millones de mujeres que no viven esa realidad. Simone de Beauvoir lo describe perfectamente en Le deuxième sexe. Han pasado 62 años desde su publicación y la realidad ha cambiado muy poco y para muy pocas mujeres.

En fin, sólo son pensamientos. Un poco desordenados, pero bueno.

Antonia, 16 de mayo 2011.

Gracias, S., por tus comentarios. Aunque discrepo en varios puntos. Primero, no creo que se pueda vivir (una vida plena) sin arte ni pensamiento (ni hijos, en mi opinión). Para mí una vida sin arte, sin pensamiento, sin este amor tan fuerte, incondicional, excepcional, es una vida vacía. Se sobrevive, pero no se vive.

Yo no llamaría perder “el control” al hecho de que cada hijo se vaya desarrollando de acuerdo con el mundo que le rodea y sus propias vivencias. Los hijos deben de alejarse de los padres, eso es natural y positivo, pero deben de tener las herramientas para afrontar las tristezas, sufrimientos y golpes de la vida, y saber que pueden contar con el apoyo y comprensión de los padres (algo que  mucha gente de mi generación no ha tenido, o ha tenido poco -soy del 1975-). No creo en absoluto que un hijo que ha sido educado en unos valores de paz, amor, respeto, solidaridad, igualdad, tolerancia, libertad y dignidad, que haya recibido cariño y atención, amor y comprensión, pueda devenir un delincuente de la noche a la mañana. Los padres tienen el deber de estar siempre alerta, para que eso no ocurra.

Muchos recuerdos,

Antonia, Madrid, 17 de mayo de 2011.

Estimada S.:

por supuesto que cuando hablo de poder escoger y de poder vivir rodeados de arte y pensamiento me refiero a una minoría (soy muy consciente de eso). Somos gente privilegiada, que podemos estudiar filosofía con el estómago lleno y no estamos viviendo en la miseria, como le ocurre a la gran mayoría. Según la ONU, la mayoría de la población mundial es pobre: de los 6.900 millones de habitantes del planeta, 1.000 millones viven en la pobreza extrema (menos de 1 dólar al día), 1.500 millones viven con menos de dos dólares al día (la mayoría son mujeres) y 2.500 millones viven en una pobreza relativa. El 20 % de la población controla el 90 % de la riqueza mundial, 250 millones de niños son explotados (cifra dada por la UNICEF): trabajando en condiciones miserables en agricultura, minería, construcción, venta ambulante y prostitución. Cada día mueren 30.000 niños de hambre y enfermedades evitables (¡¡¡30.000!!!), más de 875 millones de adultos son analfabetos (2/3 partes son mujeres), medio millón de mujeres muere cada año durante el embarazo o el postparto…

Sí que hay dinero para el ejército, la guerra y los políticos. Las cifras muestran la vergüenza del ser humano y de la sociedad.

Es fácil imaginarse que sólo se puede apreciar el arte habiendo podido comer antes. Yo soy muy consciente de la situación mundial. Cuando nació mi hija, mi marido y yo apadrinamos a Sayesta, una niña que vive en Calcuta (ONG Children International). De eso hace ya 5 años. Somos socios también de Médicos sin fronteras. Pero soy consciente de que eso no cambia nada…

¿Qué sentido tiene el arte, la filosofía, la música, en este mundo lleno de injusticias? Esto es algo que me pregunto cada día. Para la realidad que yo vivo, tiene mucho sentido. Está claro que para la realidad de la mayoría, no tiene sentido alguno. Fui en un momento de mi vida marxista y leí mucho y critiqué mucho. Ahora no lo soy. Considero la libertad como el fundamento de todos los valores. Yo sólo puedo contribuir con mi arte. ¿Es eso egoísmo? Seguramente que sí. Pero yo no puedo salvar al ser humano, sólo ocuparme de mi pequeño, minúsculo mundo.

Muchos recuerdos,

Antonia, Madrid, 19 de mayo de 2011.

About Antonia Tejeda Barros

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