Pensamientos sobre la muerte

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Qué es la muerte y qué hay detrás de la muerte son preguntas que cada ser humano se hace: los neuróticos piensan en la muerte a cada momento, los filósofos meditan sobre ella, los jóvenes apenas piensan en ella y los mayores meditan sobre ella a menudo. Al igual que cada ser humano le busca un sentido a su vida, cada ser humano le busca una respuesta al misterio de la muerte. No obstante, muchísimos adultos (que desde pequeñitos han sido inculcados en una religión u otra) tienen poca libertad de elección a la hora de responder a tal pregunta. Y lo peor es que ni siquiera saben que no han elegido su propia respuesta.

Para todos aquellos que hemos tenido la suerte de no haber sido educados en la religión, las respuestas son infinitas; todas son válidas, pues todas han sido buscadas y encontradas con libertad, aunque sean contradictorias. ¿Qué es la muerte? La muerte es el vacío, lo extraño, lo desconocido, el final sin angustia, la nada misma. ¿A dónde vamos tras la muerte? A ningún lado. ¿Dónde estamos antes de nacer? En ningún lado. La vida es el principio, la muerte es el final. ¿Qué es lo que hay entre el nacimiento y la muerte? Nuestra vida que es sólo nuestra y de nadie más. De nosotros, y sólo de nosotros, depende de cómo sea esta vida que nos ha tocado vivir. Siguiendo a Sartre, no somos personas, sino que devenimos personas. “La existencia precede a la esencia” (L’existencialisme est un humanisme). El hombre posee una gran responsabilidad. Y eso no es un castigo, al contrario, es un regalo. Somos totalmente libres. Libres de la religión, de los cuentos de hadas, de las supersticiones, de las mentiras que nos han obligado a creer. Cada cual es libre de buscarle el sentido a su vida y de creer lo que hay después de la muerte.

¿Qué es lo que tenemos, entonces? La vida. Nuestra vida. De eso hay que estar preocupados, no de la muerte. Según Spinoza, el hombre libre piensa en la vida, y no en la muerte: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.” (Ethica ordine geometrico demostrata, Parte IV, Proposición LXVII)

Creer que venimos de la nada y vamos hacia la nada puede generar angustia. ¿Por qué debería de generar angustia ir hacia la nada? Según Epicuro, no hay que temerle a la muerte, puesto que el hombre y la muerte nunca se encuentran: “… la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir (…) Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir (…) Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Conque ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya.” (Carta a Meneceo)

¿Y qué hay de la inmortalidad? La inmortalidad la dan los hijos, los recuerdos que generamos en las personas que nos quisieron y nos amaron, y en las obras artísticas, intelectuales, científicas o humanas que dejamos. El paso del tiempo es irremediable. El tiempo es imparable. El presente, pues, no existe, pues cuando pensamos, decimos o hacemos algo, en cuanto nos damos cuenta, nuestro pensamiento, nuestra palabra o nuestro acto ya forma parte del pasado. Sólo la muerte para el tiempo. La gente que muere joven permanece joven siempre. A Tova siempre la recuerdo como una chica de 21 años, no ha envejecido. El tiempo ya no existe para ella, pues ella ya no forma parte del tiempo que transcurre sin parar. La muerte sería pues el paro del tiempo, no el vacío, puesto que el recuerdo, las obras y los hijos siguen viviendo.

Savater, en Ética para Amador, escribe: “¿Cómo vivir del mejor modo posible? Esta pregunta me resulta mucho más sustanciosa que otras … más tremendas: “¿Tiene sentido la vida? ¿Merece la pena vivir? ¿Hay vida después de la muerte?” Mira, la vida tiene sentido y tiene sentido único; va hacia delante (…) no se repiten las jugadas ni suelen poder corregirse. Por eso hay que reflexionar sobre lo que uno quiere y fijarse en lo que hace. Después … guardar siempre el ánimo ante los fallos. ¿El sentido de la vida? Primero, procurar no fallar; luego, procurar fallar sin desfallecer (…) Lo que me interesa no es si hay vida “depués” de la muerte, sino que haya vida “antes”. Y que esa vida sea buena, no simple supervivencia o miedo constante a morir (…) Porque vivir no es una ciencia exacta, como las matemáticas, sino un “arte” como la música.”

¿Y si la muerte no existiera? ¿Y si fuéramos todos inmortales? No habría, en mi opinión, castigo más duro. Tal vez el hombre, esa especie miserable y cruel, fascinante, hermosa y monstruosa, se merecería la inmortalidad para sufrir eternamente y pagar el daño que ha hecho (recordemos por un segundo Auschwitz). Pero los castigos y premios poco le importan a la naturaleza (eso es más propio de las religiones). Nosotros somos dueños solo de nuestra vida. Hagamos de ella, pues, una vida digna de ser vivida. Centrémonos en la vida y no en la muerte.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 3 de diciembre de 2010

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About Antonia Tejeda Barros

Madre, flautista, violinista y bloguera / Mother, musician, and blogger
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6 Responses to Pensamientos sobre la muerte

  1. Hector says:

    Tu escrito Pensamientos sobre la muerte no me parece malo, con esas ideas coincide mucha gente libre como los que tuvieron la suerte de no ser educados por religiones. En lo personal me considero un hombre libre de esas ataduras y con una satisfacciòn adicional, pues fui moldeado en un catolicismo nefasto y arcaico del que hoy estoy liberado gracias a las lecturas de pensadores como Spinoza, Schopenhauer , Nietzsche y otros. En relaciòn a no pensar en la muerte y centrarse en la vida discrepo contigo. Considero que el pensar en la muerte como un final y un vacio, me refuerza el deseo de abrazar la vida porque ambas las traemos juntas. El saber que hoy puedo morir me acerca con ahinco a buscar la esencia de la vida. Pensadores como Epicuro y Marco Aurelio han moldeado mi visiòn sobre la muerte para temerle menos, pues soy sincero y en verdad digo que aùn le temo, no tanto como antes, pero todavia. Al igual que tù descubrì a Viktor Frankl hace años y fue un bàlsamo, pero tengo diferencia con èl, pues es teista, tuvo su Dios a su modo y yo hace tiempo que soy libre de las cadenas religiosas. Cierro como bien dices: Ser ateo, vivir sin Dioses, es vivir con cierta salud mental. Saludo desde Mèxico.

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  2. Hola a todos, no es verdad eso de que traemos los hijos a la muerte. Traemos los hijos a la existencia, o sea, a la Vida. Y a la alegría de vivir. Cierto que no todo en este mundo es alegre, ni justo. Pero es así y la vida llama a la vida. Es una ley de la Naturaleza observable en todos los animales, en todas las plantas, en todos los seres dotados de lo que llamamos vida. Y el reproducirnos es un impulso biológico, consciente e inconsciente, que viene llamandose sexualidad o amor, o como queramos. Es un impulso universal. La muerte es algo limitado a individuos y no generalizable a la totalidad. Por ello nos alegramos cuando nace un hijo nuestro y nos entristecemos cuando alguien querido muere. Sabemos que el muerto estará en nuestro recuerdo pero no tendrémos nuevas experiencias vitales, sean del tipo que sean, porque ya no están por que han entrado en la Nada o no-existencia. No existe en Reino de la Muerte, lo que existe es la Vida. Claro que nos gustaría ver cómo siguen las cosas de la Tierra, de la vida, cuando pensamos en la posibilidad de nuestra propia muerte. Y ese deseo, junto a otras cosas, nos hacen crear la vida despues de la muerte, los paraísos y los infiernos.
    Yo soy optimista por naturaleza, pero no tan tonto como para creer en mi eterna existencia.

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  3. javier huarte says:

    A la muerte se le teme no por el hecho de la muerte en si, del acto de morir, que será doloroso, angustiante, etc. Sino porque todas nuestras ilusiones, emociones, pensamientos, maneras de vivir alcanzadas existencialmente, tienen un sustrato biológico en el cerebro y a partir de ahí terminan. No hay nada. El consuelo como bien dices no está en el más allá que no existe sino en los hijos, lo transmisible de alguna forma. Pero es un consuelo débil, es más : es horrendo el traer hijos para la muerte como muy bien expreso tommas man. El día que la especie termine la conciencia del mundo estara en las hormigas. Pese a todo ello hay que seguir viviendo. Mala suerte la del filósofo que no tiene el apoyo, falso, pero eficaz del religioso y del más allá.

    Un saludo

    javier huarte

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    • Hola Javier:
      muchas gracias por tu comentario. Me parece muy interesante. Es verdad que es terrible traer hijos al mundo que, inevitablemente, morirán algún día. Pero creo que los padres piensan en traer hijos al mundo para la vida (la vida que ellos, los hijos, vivirán) y no para la muerte.
      Personalmente tengo una visión muy pesimista de la especie humana. Creo que la especie humana, después de su historia, lo único que se merece es desaparecer. Ningún animal es tan destructivo como el hombre. Pese a todo, la vida continúa y el ser humano nace, se alimenta, lee, aprende, ama, engendra a otros seres humanos, sufre, crea, llora, busca la felicidad inalcanzable y muere.
      No creo que el filósofo tenga mala suerte por no creer en un más allá, al contrario, la libertad de pensamiento y la libertad de elección son un regalo. Michel Onfray, en su genial “Tratado de ateología” escribe: “No desprecio a los creyentes, no me parecen ni ridículos ni dignos de lástima, pero me parece desolador que prefieran las ficciones tranquilizadoras de los niños a las crueles incertidumbres de los adultos. Prefieren la fe que calma a la razón que intranquiliza, aun al precio de un perpetuo infantilismo mental (…) La credulidad de los hombres sobrepasa lo imaginable. Su deseo de no ver la realidad … y su voluntad de ceguera no tiene límites (…) Para conjurar la muerte, el “homo sapiens” la deja de lado. A fin de evitar resolver el problema, lo suprime (…) El ateísmo no es una terapia, sino salud mental recuperada”.
      Un abrazo,
      Antonia

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