“L’existencialisme est un humanisme”

Esta joya de libro fue publicado en 1946, tras una conferencia dada por Sartre en octubre de 1945. El propósito del libro es, según Sartre, defender el existencialismo de los reproches que se le han dirigido. “L’existencialisme est un humanisme” es un manifiesto de la filosofía existencialista sartreana. Es un texto brillante, escrito con una claridad genial.

Sartre define el existencialismo como una doctrina que hace posible la vida humana y que declara que toda verdad y acción implican un medio y subjetividad humanos. Lo que asusta de la doctrina, dice Sartre, ¿no es el hecho de que deja elegir al hombre?

En Diderot, Voltaire, Kant… el hombre posee una naturaleza humana. Pero para Sartre el hombre no posee una naturaleza, sino una condición humana. El hombre empieza por no ser nada, y se define después: “La existencia precede a la esencia”. La realidad humana, la existencia, precede a la esencia. La filosofía existencialista debe ser vivida para ser realmente sincera. Vivir en el existencialismo, no imponerlo en los libros. No hay naturaleza humana (porque no hay un dios para concebirla), pero sí una universalidad humana de “condición”.

El hombre es el único que es como él se concibe, y como él se quiere. El hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo; es lo que se llama subjetividad. El hombre es un proyecto. El hombre será lo que haya proyectado ser, no lo que quiera ser. El hombre es responsable de lo que es. El existencialismo hace recaer en el hombre la responsabilidad total de su existencia.

Aunque no explica por qué, Sartre parece alegar la universalidad de los principios morales: “…nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos (…) Nuestra responsabilidad es enorme, pues compromete a toda la humanidad (…) Eligiéndome, elijo al hombre.” Claro eco kantiano.

El hombre es angustia, desamparo, desesperación. El hombre tiene una profunda responsabilidad. Está condenado a la libertad. Elige a toda la humanidad. Acerca de la angustia, Sartre dice que cuando él escoge entre un mil hojas y un “éclair” de chocolate no escoge en la angustia. Para él la angustia es constante. La angustia es la ausencia total de justificación y la responsabilidad.

El existencialismo piensa que es muy incómodo que Dios no exista. Ya no se puede tener el bien “a priori”. Todo está permitido si Dios no existe, y el hombre está abandonado. No hay excusas. El hombre es libre, el hombre es libertad. Esta libertad otorga al hombre una responsabilidad inmensa. (Entre paréntesis: yo me pregunto: ¿no le queda al hombre demasiado grande la libertad? Al mirar la Historia, el pasado y el presente, sólo podemos llorar y avergonzarnos de tanta barbarie, injusticia y atrocidad).

El existencialista, dice Sartre, no cree en el poder de la pasión. No pensará que una bella pasión es algo devastador que conduce fatalmente al hombre o una excusa. (Otro paréntesis: esto me recuerda a la cita de Goethe que pone Fernando Savater al comienzo de su libro “Invitación a la ética”: “Pensar es fácil. Actuar es difícil. Actuar siguiendo el pensamiento propio es lo más difícil del mundo”). Según Sartre, el hombre es responsable de su pasión. El hombre que se refugia detrás de la excusa de sus pasiones, que inventa un determinismo, es un hombre de mala fe.

La moral kantiana dice: no tratéis a los otros como medios, sino como fines. Sartre, a raíz de una pregunta de un alumno suyo que tenía la elección de partir a Inglaterra a combatir (vengar así a su hermano muerto en la ofensiva alemana de 1940 y abandonar a su madre) o permanecer al lado de su madre, se pregunta: ¿A quién debe el alumno tratar como fin? ¿A  su madre o a los combatientes? Según Sartre hay que seguir los valores, y si éstos son vagos, a nuestros instintos. Sartre le dijo a su alumno: “Usted es libre, elija, invente”.

Hay un porvenir virgen que espera al hombre, un porvenir por hacer. Los hombres son libres y decidirán libremente mañana lo que será el hombre. Sartre dice que el día de mañana, después de su muerte, algunos hombres podrían establecer el fascismo y el resto podrían ser lo bastante cobardes y débiles para dejarles hacer (o para seguirles); el fascismo sería pues la verdad humana. Las cosas serán como el hombre haya decidido que sean.

Primero hay que comprometerse, luego, actuar. “Sólo hay realidad en la acción”. El hombre es su proyecto, lo que realiza. El hombre es el conjunto de sus actos. No hay otro amor que el se constituye, el que se manifiesta; no hay otro genio que el que se manifiesta en las obras de arte. Un hombre se compromete en la vida, dibuja su figura y, fuera de esta figura, no hay nada. Sólo cuenta la realidad. Los sueños, las esperas, las esperanzas definen al hombre como sueño desilusionado, como esperanzas abortadas, esperas inútiles.

No hay temperamento cobarde. Un hombre es cobarde por sus actos. (Hay temperamentos nerviosos, ricos, flojos… pero un temperamento no es un acto). El cobarde se hace cobarde, el héroe se hace héroe. El existencialismo define al hombre por la acción. Los principios abstractos fracasan a la hora de definir una acción. No hay otra doctrina más optimista, puesto que el destino del hombre está en él mismo. Es la única teoría que le da dignidad al hombre, la única que no lo convierte en objeto.

Según Sartre, nos captamos a nosotros mismos frente al otro. El hombre es lo que los otros ven en él. Intersubjetividad.

No es posible no elegir. Siempre se elige, incluso cuando no se elige (entonces se elige el no elegir). La vida no tiene sentido “a priori”. Le corresponde al hombre darle un sentido. El valor es ese sentido que uno elige.

Sartre compara la elección moral con la construcción de una obra de arte. No hay valores estéticos “a priori”, hay valores que se ven después en la coherencia del cuadro, en las relaciones entre la voluntad de creación y el resultado. Tanto en el arte como en la moral hay creación e invención.

Sartre dice: “No creemos en el progreso. El hombre es siempre el mismo frente a una situación que varía y la elección es siempre una elección en una situación.”

La libertad es el fundamento de todos los valores. Debo querer mi libertad y la de los demás. Queremos la libertad por la libertad.

El hombre está continuamente fuera de sí mismo. El hombre no está encerrado en sí mismo sino presente en un universo humano. Éste es el humanismo existencialista.

El existencialismo es un esfuerzo por extraer las consecuencias de una posición atea coherente. Declara: aunque Dios no existiera, nada cambiaría. El problema no es la existencia de Dios. Es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nada puede salvarlo de sí mismo, ni siquiera una prueba de la existencia de Dios.

Sartre acaba la obra con las siguiente palabras: “El existencialismo es un optimismo, una doctrina de acción, y sólo por mala fe, confundiendo su propia deseperación con la nuestra, es como los cristianos pueden llamarnos desesperados.” ¡Bravo, Sartre!

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 17 de octubre de 2010.

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