El fin de la ética

Me he preguntado muchas veces (y me sigo preguntando) si la ética ha muerto en este pasado siglo XX. La pregunta podría ser también: ¿la ética existe? ¿ha existido alguna vez? ¿Tiene el ser humano alguna esperanza de “llegar a ser” éticamente humano?

Siempre me ha impactado el monstruoso fenómeno del Holocausto. Y cuando digo Holocausto no me refiero puramente al judío. Al exterminio de 6 millones de judíos hay que sumar la matanza de otros 5 millones de seres humanos: 500.000 gitanos, 3 millones de polacos no judíos, 250.000 alemanes minusválidos (Plan Eutanasia: T4), entre 5.000 y 15.000 homosexuales, un número no documentado de comunistas, republicanos, anarquistas, Testigos de Jehová… El número de niños y bebés que perecieron en el Holocausto (judíos y gitanos) es de 1.5 millones. El genocidio judío y gitano se “excusó” gracias al antisemitismo y al nacionalismo alemán que se respiraban en Alemania y Austria desde el siglo XIX. Sobre el antisemitismo en Alemania y Austria, y la culpabilidad, complicidad y voluntad del pueblo alemán y austríaco en el Holocausto, véase Hitler´s willing executioners: Ordinary Germans and the Holocaust, de Daniel Jonah Goldhagen, publicado en EEUU en 1996, un libro realmente espeluznante y genial.

¿Es posible volver a creer en el ser humano después del Holocausto? Hoy en día mueren cada día 16.000 niños de hambre en el mundo, y a nadie parece importarle. Después de la Segunda Guerra Mundial, el hombre no aprendió absolutamente nada. Se siguieron cometiendo barbaries: los Gulags (sistema soviético de “campos de trabajo” -verdaderos campos de concentración- fueron creados oficialmente en 1930, esto es, antes del Holocausto, pero existieron hasta 1960 y produjeron cerca de 20 millones de muertos), Vietnam, las dictaduras llamadas “comunistas”, las dictaduras latinoamericanas apoyadas por EEUU, Bosnia, Ruanda, los conflictos de Irlanda del Norte, Israel-Palestina…

Antes del Holocausto, el panorama es también deprimente: las Cruzadas (de 1095 a 1291), la Inquisición (fundada en 1184 en Languedoc -la Inquisición española existió de 1478 a 1821-), masacre de los indios tras el descubrimiento de América, las colonias, la Primera Guerra Mundial, el genocidio armenio por parte de Turquía (1.5 millones de armenios exterminados)…

Hoy, volviendo la vista atrás, haciendo un repaso a la historia, me pregunto: ¿Para qué hablar de ética? ¿Para qué leer sobre ética? Como me dijo un amigo mío: el hombre sólo se merece desaparecer como especie.

Javier Muguerza, en el Capítulo 3 de La aventura de la moralidad, Alianza Editorial S. A., Madrid, 2007, menciona Auschwitz, el Gulag e Hiroshima para calificar al siglo XX de escasamente utópico o disutópico: “… acontecimientos como Auschwitz, el Gulag o Hiroshima hubieron de servir al menos de recordatorio –en ese siglo escasamente utópico, cuando no eminentemente disutópico, que ha sido el siglo XX – de que el fracaso de la humanidad no es algo enteramente a descartar.”

Yo diría más bien: después de Auschwitz, el Gulag o Hiroshima, el fracaso de la humanidad es algo obvio. La humanidad ya ha fracasado.

Al hombre le bastó dos siglos para destrozar todos los ideales que había dado a luz la Ilustración: “…el sueño de una razón excesivamente ambiciosa podría haberse acabado volviendo, paradójicamente contra los postulados iluministas que en sus orígenes lo alentaron. Aquellos postulados prometían la liberación, pero –a juzgar, al menos, por lo que ha sido la historia del reciente siglo XX, a saber, una crónica de horrores impensables desde el proverbial optimismo dieciochesco – más parece que nos hayan sumido en un lóbrego calabozo.” (Javier Muguerza, ibid.)

Hay que recordar que la esclavitud fue abolida sólo en el siglo XIX, y que muchas colonias se independizaron sólo después de la Segunda Guerra Mundial. La esclavitud se abolió en el Imperio Británico en 1834, en EEUU en 1865, en Cuba en 1880 y en Brasil en 1888. La abolición de la esclavitud no ha evitado que la esclavitud siga existiendo, hasta el día de hoy, bajo otras formas, como la explotación de hombres, mujeres y niños, en pleno siglo XXI.

Con esto quiero enfatizar el gran abismo que había (y que hay) entre las ideas ilustradas y las injusticias sociales e históricas de la época.

Kant, “el gran moralista”, en Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime, al escribir sobre las diferentes naciones, en especial sobre los africanos, no pudo ni supo ni quiso estar por encima del racismo injustificado de su época: “…los italianos y los franceses … son los que se distinguen por el sentimiento de lo bello, pero los alemanes, los ingleses y los españoles son los que se distinguen … por el sentimiento de lo sublime (…) El alemán tiene un sentimiento mezclado del de un inglés y del de un francés, pero parece que está más próximo del primero (…) Es bastante metódico también en el amor, como en toda clase de gustos, y al unir lo bello con lo noble resulta bastante frío (…) En el francés, la sensación del honor es vanidad, en el español, altivez, en el inglés, orgullo, en el alemán, arrogancia y en el holandés, engreimiento (…) El árabe es hospitalario, magnánimo y veraz (…) Si los árabes … son los españoles de Oriente, los persas son los franceses de Asia. Son buenos poetas, corteses y de un gusto bastante delicado (…) Los negros de África no tienen sentimiento alguno acerca de la naturaleza que sobrepasa a lo pueril. El Sr. Hume invita a todo el mundo a que presenten un solo ejemplo en el que un negro haya demostrado talento y afirma: entre los cientos de miles de negros que han sido trasladados de sus países a otra parte, aunque muchísimos de ellos también hayan sido puestos en libertad, no se ha encontrado ni una vez uno solo que haya resentado algo grande ya sea en arte o en ciencia o en cualquier otra cualidad gloriosa, si bien entre los blancos se encumbran algunos continuamente desde el vulgo más bajo y conquistan un prestigio en el mundo con dotes excelentes. Tal esencial es la diferencia entre estos dos géneros humanos y parece, en efecto, tan grande con respecto a las aptitudes temperamentales como la del color (…) Los negros son muy vanidosos, pero al modo de los negros, y son tan habladores que han de ser separados unos de otros a palos.” (Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime, “Acerca de los carácteres nacionales en cuanto se apoyan en el sentimiento diferenciador de lo sublime y de lo bello”, Kant, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1997).

¿Cómo es posible que Kant, el gran revolucionario de la filosofía, no fue capaz de concebir a los africanos como seres humanos dignos de respeto, igualdad, admiración y justicia ?

La célebre frase “Homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre), que resume la frase “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.” (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro) de la comedia Asinaria de Tito Marcio Plauto (254 aC. – 184 aC), encierra toda la historia de la humanidad.

Como muy bien escribe Aristóteles: “…un hombre malvado podría hacer  mil veces más daño que un “animal” malo”. (Ética a Nicómaco, Aristóteles, Alianza Editorial S. A., 2004).

La brutalidad del hombre, las masacres y genocidios históricos las han producido los hombres con sus libertades, elecciones y su “moral”. Tal vez la desesperanzadora visión que tuvo Freud del hombre y su agresividad (El malestar en la cultura, 1930) sea la única explicación posible a tanto horror y tanta barbarie. La Historia nos obliga a preguntarnos: ¿ha muerto la ética? ¿existió alguna vez?

Antonia Tejeda Barros, Aix-en-Provence, 20 de junio de 2010.

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2 Responses to El fin de la ética

  1. manuelside says:

    tengo una opinion igual a la tuya pero creo si no ponemos algo de optimismo en nuestra vida todo se pierde hay muchas cosas buenas al igual que malas pero, las pocas cosas buenas de la vida como adelantostecnologicos y mucho mas dam mas ayuda en nuestra vida diaria , el hombre oprime al hombre pero la pregunta que se puede hacer ..

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  2. juan guillermo says:

    bueno, como soy optimista (no sé la razón, pero habitualmente creo que el futuro será mejor que el pasado) tiendo a pensar que los fracasos de la humanidad, como los personales, no llevan necesariamente al fracaso total, o sea su extinción o su mutación en algo solamente atroz. El holocausto es un asunto que tardará muchísimo en ser asimilado, fue demasiado monstruoso, y esa monstruosidad sigue latiendo bajo la piel humana. Probablemente el ser humano sea una mezcla de ángel y bestia, de vida y muerte: pasamos del no ser al ser, y luego otra vez saldremos de la vida, aunque ello no quiere decir que la vida se va a acabar (cada uno de nosotros sí). Convivimos porque necesitamos a los demás, o sea los usamos, pero al mismo tiempo los amamos, es muy misterioso. La ética sería la rama del saber que se concentra en la convivencia, en sus valores. ¿Quedan en pie valores después del holocausto? Quedan la ternura, el funcionamiento de las ciudades, la capacidad de crear, la organización política de millones de personas en sistemas democráticos cuando los hay, el arte, los placeres, etc. Y al lado están el egoísmo, las catástrofes ecológicas, las dictaduras, la estupidez masiva, la represión… Quizá la certeza de que al caer la humanidad una vez cae para siempre proviene de una excesiva idealización. La humanidad cae y se levanta o hace ambas cosas a la vez, los tejidos creadores se arman y se desarman, los amigos siguen siendo amigos o pasan a ser enemigos, etc. Lo dice Shakespeare en el Rey Lear:
    love cools, friendship falls off, brothers divide…., y en cada afirmación hay un elemento creativo (love, friendship, brothers) y otro destructivo. Si sabemos que cada persona (nosotros mismos) es esa mezcla, no nos extraña que en según qué condiciones asome el hocico la bestia inmunda o brinde ternura el ser entrañable, a veces somos amables, otras somos implacables…. ¿La ética? poca cosa, es el conjunto de reflexiones sobre estas cosas. Quizá mi optimismo venga de esperar poco de la vida…

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