Viena

Viena. 1,7 millones de habitantes. Hermosa, majestuosa, cruel. Posee una cultura impresionante y es heredera de un pasado oscuro y sangriento.

En 1938 Hitler anexionó Austria a Alemania, con gran euforia de los austríacos. La Anschluss (= anexión) no fue recibida como una ocupación, sino como una liberación. Las SA (Sturmabteilung: traducción literal: Departamento de tormenta; Secciones de asalto), las SS (Schutzstaffel: Escuadrón de defensa) y los Einsatzgruppen (escuadrones de la muerte pertenecientes a las SS y a la Wehrmacht –fuerzas armadas del régimen nazi-) contaron con muchos austríacos y funcionaron “de maravilla” en Austria. Según Daniel Goldhagen: Hitler’s willing executioners (1996) y Hannah Arendt: Eichmann in Jerusalem: a Report on the Banality of Evil (1963) el “trabajo de convencimiento” por parte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP) no fue necesario en Austria. El antisemitismo estaba tan arraigado en Austria que la gente común se voluntariaba encantada para fusilar y “cazar” judíos en los pueblos y ciudades austríacos, y quemar sinagogas con hombres, mujeres y niños judíos dentro.

El Holocausto (11 millones de víctimas: 6 millones de judíos, entre 500.000 y 1 millón de gitanos, 3 millones de polacos no judíos, entre 10.000 y 15.000 homosexuales, un número no documentado de Testigos de Jehová, republicanos, comunistas… y cerca de 250.000 minusválidos y enfermos mentales alemanes –Programa de Eutanasia: Aktion T4, realizado en 6 centros situados en Alemania y Austria-) fue posible gracias al apoyo y colaboración directa y voluntaria del pueblo alemán y el pueblo austríaco.

¿Hay arrepentimiento tras la barbarie? En Austria, desde luego que no. En Viena las placas de conmemoración a las víctimas del Holocausto son escasas. A pesar de que Viena posea hoy dos museos judíos (el Jüdisches Museum – Palais Eskeles situado en la Dorotheergasse 11, y el Jüdisches Museum der Stadt Wien am Judenplatz, situado en la Judenplatz) no se respira en las calles de Viena ningún arrepentimiento o culpabilidad por el genocidio y las masacres llevadas a cabo por el pueblo austríaco entre los años 1938 y 1945. Hace un año, una periodista escribió un artículo sobre la ausencia de placas, monumentos y museos en Viena que conmemoren las masacres del Régimen nazi.

El único campo de concentración situado en Austria fue el famoso campo de Mauthausen (que estaba formado por 4 subcampos principales en Mauthausen y Gusen, y más de otros 50 subcampos localizados en toda Austria y  el sur de Alemania), donde murieron al menos 122.000 personas. Los dos campos principales, Mauthausen y Gusen I, fueron los dos únicos campos de toda Europa etiquetados como campos de “Grado III” (los campos más duros para los “Enemigos Políticos Incorregibles del Reich”. Los tipos de tortura y exterminio en Mauthausen fueron abominables.

Como le dijo un amigo austríaco a mi marido: “Los austríacos somos muy listos: hemos sido capaces de hacer creer al mundo que Beethoven era austríaco y que Hitler era alemán”.

Viena es, lamentablemente, responsable directa e indirecta de la muerte de una parte del millón y medio de niños exterminados en el Holocausto (1,2 millones de niños judíos, 300.000 niños gitanos y 5.000 niños minusválidos y enfermos mentales alemanes) del cual el pueblo austríaco (y por consiguiente el vienés) es culpable directa e indirectamente. No hay esfuerzo ni interés hoy en día por conmemorar a esas víctimas, pero sí lo hay para conservar obras de arte valiosísimas. Qué se le va a hacer, el hombre es un animal contradictorio, una bestia con sentimientos encontrados. Viena posee casi un centenar de museos. Entre mis preferidos se encuentran el Albertina (Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Paul Cézanne, Amedeo Modigliani, Henri Matisse, Pablo Picasso, Ernst Ludwig Kirchner, Alberto Giacometti, Kasimir Malevitch, Francis Bacon…), el Leopold Museum (Egon Schiele y Gustav Klimt), el Belvedere (obras barrocas y del siglo XIX austríacas, Gustav Klimt, Oskar Kokoschka y Egon Schiele) y el Kunsthistorisches Museum (una especie de Louvre, pero más pequeño y más modesto). En Viena ocurre como en Madrid, donde el arte rebosa pero la vergüenza y el arrepentimiento por decadentes y negros 40 años franquistas no se respiran en ninguna parte.

La justicia, como es sabido, apenas se hace oír tras la barbarie. La mayoría de los miembros de las SA, SS y los Einsatzgruppen apenas fueron juzgados, y de los que fueron juzgados, muchos recibieron penas cortísimas tras el Juicio del Alto Comando (The High Command Trial) y el Juicio de los Einsatzgruppen (The Einsatzgruppen Trial) (algunas excepciones se producieron en los Juicios de Dachau (The Dachau Trials), donde varios recibieron la pena de muerte y penas graves). Algunos casos escandalosos fueron las penas imputadas a Georg von Küchler, Hermann Hoth, Georg-Hans Reinhardt, Karl-Adolf Hollidt, Hermann Reinecke, Walter Warlimon y Otto Wöhler, acusados en el Juicio del Alto Comando, 1948, de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad por participar en órdenes de asesinato, tortura, deportación y captura de civiles en territorios ocupados. Las penas fueron de 20 de años de prisión para von Küchler (en 1951 se redujo a 12 años de prisión, y en 1953 fue absuelto), 15 años para Hoth (absuelto en 1954), 15 años para Reinhardt (absuelto en 1952), 5 años para Hollidt (absuelto al cabo de 1 año), prisión de por vida para Reinecke (absuelto en 1954), prisión de por vida para Warlimon (reducida a 18 años de prisión en 1951 y absuelto en 1954) y de 8 años de prisión para Wöhler (absuelto en 1951), por poner unos pocos ejemplos. En esta línea, cabe destacar el Juicio de los Einsatzgruppen, 1948, donde se juzgó a 24 miembros de los Einsatzgruppen: a 22 se les culpó de los 3 puntos: 1. Crímenes contra la humanidad: persecución política, racial y religiosa, asesinato, exterminio, prisión y otros actos inhumanos cometidos en contra de civiles, como parte de un organizado plan de genocidio; 2. Crímenes de guerra; 3. Miembros de organizaciones criminales: SS, SD y Gestapo: 4 fueron sentenciados a muerte y ahorcados, 9 fueron sentenciados a muerte pero finalmente cumplieron condenas de sólo 6, 8 y 10 años, 1 fue sentenciado a prisión de por vida pero sólo cumplió condena de 10 años, 3 fueron sentenciados a 10 años (2 cumplieron condenas de sólo 4 y 6 años, y el otro fue absuelto), 2 fueron sentenciados a 10 años (uno cumplió 8 años y el otro fue absuelto), 2 fueron absueltos tras el juicio y 1 se suicidó.

Lamentablemente, la Historia nos muestra que, a mayor el crimen, menor el castigo. Algunos médicos del Programa Eutanasia fueron juzgados y algunos condenados a muerte en los Tribunales de Nüremberg, pero la inmensa mayoría permaneció impune. En el año 2005 fue noticia que un médico psiquiatra austríaco implicado en el Programa Eutanasia falleció sin haber sido juzgado y siempre siguió ejerciendo como médico y jefe de un hospital pisquiátrico.

Pero volvamos a Viena (¿a quién le interesa recordar su pasado sangriento? ). Viena posee parques hermosos, Galerías de Arte y Cafés agradables. Aparte de toda la basura de tiendas de ropa multinacionales que se encuentran hoy en día en toda ciudad europea, hay tiendas especiales en joyas y muebles art nouveau, diseño, un montón de librerías exquisitas, centros culturales para jóvenes, tiendas de segunda mano de libros, CDs, LPs y DVDs, restaurantes de todo tipo, teatros, cines, salas de concierto… En Viena se respira un ambiente cosmopolita y eso siempre es interesante y atractivo. En cuanto a la política, actualmente, el partido FPÖ (Freiheitliche Partei Österreichs =Partido de la Libertad de Austria), partido nacionalista, de extrema derecha y de tendencia neo-nazi, es la segunda fuerza política de Austria. Fue fundado por un ex miembro de las SS y sus presidentes han sido en su mayoría ex miembros de las SS o hijos de ex miembros de las SS. En las pasadas elecciones obtuvo el 10 % de los votos (en las anteriores había obtenido el 27 % de los votos). Jörg Haider, presidente del FPÖ en 1986 y gobernador del estado de Carintia en 1989 y patética figura que se estrelló en coche en el 2008, solía pronunciar sus discursos en frente de ex miembros de las SS, y nadie parecía alarmarse. En Viena el FPÖ es la segunda fuerza política, con el 27,2% de los votos. Deprimente.

La autocrítica de un pueblo por las barbaries cometidas es imprescindible para que esas barbaries no se repitan. El arrepentimiento (aunque Sinoza no esté de acuerdo: “El arrepentimiento no es una virtud … no nace de la razón; el que se arrepiente de lo que ha hecho es dos veces miserable o impotente”, Ethica ordine geometrico demostrata) es imprescindible para que el hombre (que ha actuado como una bestia) aprenda de sus errores. El arrepentimiento y la autocrítica son imprescindibles para que las atrocidades de la Historia (cometidas con el consentimiento, aprobación y colaboración de la mayoría) no vuelvan jamás a repetirse.

Antonia Tejeda Barros, Viena, 2 de noviembre de 2010.

Eufórico recibimiento de las tropas nazis, Viena, 1938.

Soldados nazis al lado de un negocio judío. El graffiti de la ventana dice: “¡Cerdo judío, que tus manos se pudran!” Viena, 1938.

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